¿Cuánto vale el sexo?

¿Vale lo mismo la vida sexual de un hombre y una mujer? ¿La de una mujer joven que de una mujer mayor? ¿Importa si la persona tuvo hijos? La condena de la semana pasada por parte de la Corte Europea de Derechos Humanos contra Portugal avanza algunas respuestas sobre cómo cuantificar la pérdida de la capacidad sexual.

En 1995, una mujer portuguesa se sometió a una operación vaginal en Lisboa por una enfermedad ginecológica. Durante esa operación, le cortaron el nervio pudendo izquierdo, producto de lo cual empezó a sufrir intensos dolores que le impedían mantener relaciones sexuales, sentarse o caminar.  La mujer demandó al hospital por negligencia médica ante la Corte Administrativa de Lisboa, juicio que ganó y por el cual obtuvo una compensación de 80.000 Euros por daño moral y 92.000 euros por daños pecuniarios.

En el año 2014 el caso llegó a la Corte Suprema Administrativa, tribunal que redujo la indemnización. Uno de los argumentos para dicha reducción fue que: “no debe olvidarse que al tiempo de la operación, la demandante ya tenía 50 años y dos hijos, eso es, una edad en que el sexo no es de tal importancia como durante la juventud, ya que su importancia va disminuyendo con los años”.

Interesante afirmación, considerando además que la Corte Suprema de Justicia de Portugal había otorgado compensaciones más altas (por sobre 100.000 Euros) por daño moral en dos casos en que hombres (de 55 y de 59 años) habían resultado con daño permanente a su aparato reproductor producto de operaciones a la próstata.

La semana pasada, la Corte Europea de Derechos Humanos falló en contra de Portugal por discriminación arbitraria, según los artículo 8 y 14 de la Convención. La discusión central del fallo fue no solo en base a consideraciones sobre edad y sexo, sino también sobre la concepción de una sexualidad femenina esencialmente ligada a la procreación. Si para determinar el monto de la indemnización por daños y perjuicios en el caso de la mujer fue determinante su edad y sexo, en los juicios en que los demandantes eran hombres los jueces no se preguntaron si tenían hijos o si ya eran mayores. Lo que les preocupó fue el “tremendo shock” que habían sufrido al no poder tener relaciones sexuales.

Sentencia Carvalho Pinto de Sousa Morais v Portugal, de la Corte Europea de fecha 25 de julio 2017.