Más desarrollo financiero, menos desigualdad

Hace unos días, Ross Levine, profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad de California (Berkeley), presentó en Chile su libro Financing Prosperity (en imprenta). El mensaje principal, que resume sus investigaciones académicas, es que “un sistema bancario que funcione bien es necesario para la prosperidad económica […porque] promueve el crecimiento y expande las oportunidades”.

Hace unos días, Ross Levine, profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad de California (Berkeley), presentó en Chile su libro Financing Prosperity (en imprenta).  El mensaje principal, que resume sus investigaciones académicas, es que “un sistema bancario que funcione bien es necesario para la prosperidad económica […porque] promueve el crecimiento y expande las oportunidades”. Las dos figuras siguientes ofrecen evidencia. Utilizando datos de una muestra amplia de países, Levine encuentra que (1) las economías que en 1960 tenían más crédito privado sobre PIB crecieron más rápido durante los 45 años siguientes (Figura 1) y redujeron más su desigualdad, medida por el coeficiente de Gini (Figura 2). Por un lado, el crédito privado mejora la asignación de recursos, redistribuyéndolos hacia emprendedores más productivos y mejorando la competencia; por otro, reduce la importancia de la cuna, disminuyendo la conexión entre acceso al crédito y riqueza. Lo primero es conocido, lo segundo bastante menos.

Dos comentarios pertinentes siguen, aprovechando la discusión sobre modernización del mercado financiero chileno que han generado la reciente creación de una Comisión para el Mercado Financiero (Ley n.° 21000) y la reforma a la Ley General de Bancos, actualmente en el Congreso: primero, importa el crédito privado, bancario y no bancario. Mientras a fines de los años 90 casi la totalidad del crédito de consumo era bancario, hoy representa cerca del 60 por ciento, y en segmentos de ingreso medio y bajo incluso menos. El mercado financiero está cambiando, nuevas tecnologías ofrecen nuevas formas de crédito y la regulación y supervisión deben permitir un balance entre estabilidad e innovación, promoviendo que estos oferentes contribuyan a la competencia e inclusión. Segundo, y a apropósito de lo anterior, si bien Chile creció durante las últimas décadas a una tasa similar a la observada en promedio por la muestra de países analizados, dado su nivel de crédito privado sobre PIB (ver bullet rojo en Figura 1, justo sobre el ajuste de la regresión econométrica), la reducción del Gini fue menor (ver bullet rojo en Figura 2, sobre el ajuste de la regresión econométrica).

Una hipótesis para este menor efecto en desigualdad del mayor desarrollo del mercado del crédito en Chile es que la regulación, influida por la crisis de la deuda a comienzos de la década de 1980, castiga la heterogeneidad de oferentes de crédito. Las exigencias en la Ley General de Bancos son prácticamente las mismas para todos los bancos, independientemente de su tamaño y modelo de negocios, y se permite acceso a la línea de financiamiento del Banco Central exclusivamente a los bancos, excluyéndose, por ejemplo, a las Cooperativas de Ahorro y Crédito. Con todo, en Chile hay espacio para una regulación y supervisión que promueva la existencia de una mayor variedad de oferentes de crédito, la que podría aumentar el acceso para las pymes y deudores de bajos ingresos. El bajo nivel de desarrollo de este mercado podría explicar el menor efecto en la desigualdad de la expansión del crédito en Chile, en comparación con el observado internacionalmente.

 

Figura 1: Crédito privado y crecimiento económico

Fuente: Ross Levine, Financing prosperity (en imprenta)

Figura 2: Crédito privado y Gini

Fuente: Ross Levine, Financing prosperity (en imprenta).