Más rentabilidad, más riesgo

En esta nota Raphael Bergoeing explica con datos tomados desde 2002, y durante los últimos 12 meses, las relevantes diferencias de rentabilidad entre el fondo A y el E; así también el que sea tan significativo para la política pública.

El sistema previsional chileno permite que los cotizantes asignen su ahorro individual en 5 fondos distintos, diferenciados por la proporción de sus recursos invertidos en instrumentos de renta variable (por ejemplo, acciones). Estos instrumentos se caracterizan por tener una mayor rentabilidad esperada, pero también un mayor riesgo. Así, el fondo A permite una proporción de sus inversiones en renta variable entre 40 y 80 por ciento, la que va disminuyendo progresivamente en los fondos B, C, D y E, que solo permite un máximo de 5 por ciento de este tipo de activos.

 

El cuadro siguiente muestra, desde 2002, año de creación del sistema de multifondos, y durante los últimos 12 meses, las rentabilidades promedio reales (ajustadas por UF) para cada AFP y para el sistema:

 

 

Durante estos años la rentabilidad real promedio anual del sistema para el fondo A ha sido 6,76 por ciento, mientras que para el fondo E, 3,91 por ciento. En periodos largos de tiempo, estas diferencias importan. De mantenerse durante 40 años, por ejemplo, el fondo A multiplicaría la inversión inicial 13,7 veces, mientras que el E solo 4,6 veces. La razón es que las acciones rentan en promedio casi el doble que la renta fija. El problema, desde la perspectiva de la política pública, es que también fluctúan mucho más, pudiendo el fondo acumulado perder un monto relevante de su valor en periodos cortos de tiempo, lo que, para alguien que está a punto de jubilarse tendría consecuencias enormes sobre la pensión que recibirá.

Por esta razón, la regulación impone restricciones a los afiliados, por ejemplo, impidiendo que, si son hombres, estén en el Fondo A desde los 56 años, y a partir de los 51 años si son mujeres. La reforma previsional que el Gobierno acaba de ingresar al Congreso restringe aún más la elección del fondo A, ampliándola a 20 años.

La autoridad tiene la responsabilidad de asegurar que los fondos de pensiones obtengan un buen retorno para sus afiliados, especialmente dado que su contribución es obligatoria, y la evidencia para países de la OCDE muestra que los regímenes de inversión más liberales han tenido mayores retornos para sus fondos de pensiones (ver, por ejemplo, Banco Mundial. Portfolio limits: Pension Investment Restrictions Compromise Fund Performance, 2001).

En este contexto, corresponde preguntarse si no es demasiado restrictivo limitar aún más la decisión de cada afiliado, impidiéndole asignar sus ahorros en el fondo A dos décadas antes de la fecha esperada de jubilación.