En defensa de la tómbola

Andrés Hernando explica que la adopción del mecanismo de la tómbola es necesario para que el sistema funcione como fue concebido.

A partir de 2018 todos los niños en Chile que postulen a una escuela municipal o particular subvencionada deberán enfrentar un proceso de asignación basado, fundamentalmente, en el azar. Es decir, una tómbola virtual decidirá qué niños asisten a qué colegio cuando éstos se encuentren sobre demandados (es decir, postulen más niños que cupos disponibles tenga el colegio).

El hecho que algunos sostenedores se hayan adelantado a la implementación del mecanismo nos ha permitido escuchar multitud de opiniones contrarias a esta práctica. Sería injusto, se dice, que sea la suerte la que decida qué niños pueden acceder a cada colegio. Esto, por supuesto, tiene sentido solo si los padres consideran que en un mecanismo “más justo” (lo que casi siempre se traduce en alguna forma de prueba de admisión) sus hijos tendrían mayores probabilidades de ser admitidos en el colegio que desean lo que, obviamente, no puede ser cierto para todos los padres simultáneamente.

El problema, desde el punto de vista del funcionamiento agregado del sistema es que, cuando no es el azar el que decide, los que terminan eligiendo no son los padres sino los colegios y esto es contrario a la esencia del funcionamiento de un sistema de libre elección donde los padres optando por los mejores colegios son los que transmiten señales que obligan a los establecimientos a mejorar en el tiempo o a ser desplazados por otros que sí lo hagan.

Cuando los colegios eligen, algunos pueden seleccionar a los alumnos que de todas maneras tendrán mejores resultados. Esta selección, en promedio, hará que el colegio se vea mejor y, atraerá más postulaciones que le permitirán continuar con el juego. Es imposible (sin más información y técnicas de análisis sofisticadas) inferir de los resultados observados si el colegio es mejor que los demás o si sólo tiene mejores alumnos. La señal de los padres al elegir termina perdiendo todo valor y la lógica en la que se sustenta el sistema colapsa.

Es por esto que es importante limitar la capacidad de los colegios para seleccionar a sus alumnos. Dicho esto, un sistema basado en el azar es, de hecho, una buena alternativa porque asegura que los colegios tendrán que trabajar con grupos similares de alumnos lo que, en el tiempo, produce el tipo de información que los padres realmente necesitan para tomar buenas decisiones.

El sistema de asignación al azar para colegios sobre demandados que estamos adoptando en Chile tiene sentido y es, además, de los mejores disponibles. Por ejemplo, el mecanismo elegido no premia en forma alguna la estrategia por parte de padres mejor informados. En efecto, si usted quiere maximizar la probabilidad de que su hijo sea admitido en uno de los colegios que más le gusta solo tiene que postularlo a todos los que le gustan en el orden que le atraen. El sistema hará que quede en el mejor colegio posible que tenga una vacante para él.

Es entendible que, en un sistema donde los colegios de calidad (o que parecen de calidad) no abundan, la eliminación de mecanismos de selección genere un stress importante en los padres. Más aún si esto se hace de forma poco prolija (¿es necesario tener a los padres reunidos en un auditorio o gimnasio y usar una tómbola con bolillas en su interior?) o en coexistencia con un sistema “tradicional” que decide de forma opaca y basado en pruebas o medidas de habilidad. Sin embargo, la adopción de este mecanismo es una necesidad para que el sistema funcione como fue concebido.