Ideas impopulares I: Reinserción y reincidencia

En Chile, más de la mitad de quienes salen de la cárcel vuelven a ser condenados en los tres años siguientes. Parece ser que muchas de las acciones que creíamos funcionan para evitar la reincidencia, no están siendo exitosas. ¿Cómo abordar efectivamente la reinserción? La poca evidencia internacional muestra que los programas deben ser intensivos en tiempos y recursos y correctamente enfocados. A continuación una idea para esta época de campaña electoral.

De acuerdo a un estudio realizado por Paz Ciudadana y la Universidad Adolfo Ibáñez en 2012, de todas las personas que terminaron de cumplir una pena privativa de libertad durante 2007, el 50,5% volvieron a ser condenados y reingresaron a la cárcel por un delito distinto en los 36 meses siguientes.

Esta alta tasa de reincidencia penal no es del todo extraña. El mismo informe reporta tasas similares en periodos comparables para países como Inglaterra, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Finlandia.

Un reporte de 2015 del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos encuentra, siguiendo una cohorte distinta a la antes contemplada, que en un periodo de tres años cerca del 50% de aquellos que dejaron la cárcel en 2005 volvieron a ser encarcelados y 55,1% lo hicieron al cabo de 5 años.

La mayoría de quiénes reinciden, parecen hacerlo relativamente rápido: 30% de los reincidentes regresaron a prisión dentro del primer año de haber salido de ésta y más del 40% estaba privado de libertad luego de dos años.

¿Qué se puede hacer para ayudar a aquellas personas que salen del sistema penal a reinsertarse efectivamente en la sociedad? La respuesta a esta pregunta es bastante limitada. Un análisis de la mejor evidencia disponible (en el sentido de tratarse de estudios con diseños experimentales o cuasi-experimentales, con grupos de control bien definidos, un número importante de casos y conducidos por un investigador independiente o publicado en una revista sometida a arbitraje) muestra que muchas de las acciones que normalmente creeríamos que funcionan no siempre resultan exitosas.

Así, por ejemplo, de cinco experimentos que proveyeron capacitación laboral a los presos y/o servicios de colocación laboral luego de ser liberados solo dos demostraron tener efectos significativos en reducir la reincidencia y ninguno tuvo un efecto positivo en la empleabilidad de los ex reos.  Sin embargo, la mayoría de los programas de trabajo al interior de la prisión tuvieron un efecto positivo en reducir la reincidencia de los condenados que participaron de ellos.

Mayor éxito, al menos en Estados Unidos, parecen tener los programas que ayudan a personas con problemas de consumo problemático de alcohol y drogas. La mayoría de estos programas que incluían tratamientos grupales (comunidad terapéutica) mostraron menores tasas de reincidencia y mayor efectividad en la reducción del abuso de substancias.

De los programas educativos examinados, solo los de educación postsecundaria tuvieron un efecto claramente significativo en la reducción de la reincidencia. No así los programas dedicados a completar estudios secundarios.

Otros programas analizados en el meta análisis incluyen los que proveen de salud mental a los reos tanto dentro como fuera de prisión y los de casas de acogida que prestan un ambiente relativamente protegido para la reinserción social.

En general, concluye el análisis, falta mucha investigación antes que podamos concluir qué tipos de programas de reinserción social funcionan realmente pero, de la evidencia disponible, es posible concluir que los programas que parecen tener éxito comparten ciertas características fundamentales:

1.     Comienzan durante la permanencia en prisión del condenado pero la mayor parte de la intervención tiene lugar una vez que este deja el régimen cerrado.

2.     Son de naturaleza intensiva, con duraciones en torno a los seis meses.

3.     Concentran los esfuerzos y recursos en los individuos que se estima tienen mayor riesgo de reincidencia, lo que requiere del uso de medidas de dicho riesgo y bastante información estadística.

4.     Si se trata de programa de tratamiento, estos usan terapia cognitiva conductual.

Si bien la criminalidad y las tasas de victimización en Chile son relativamente bajas en comparación con el resto de Latinoamérica, la preocupación por la delincuencia es de las más elevadas. En la encuesta CEP de abril-mayo de 2017 un 55% de los encuestados la considera como el problema más importante de la sociedad y en la encuesta de noviembre-diciembre de 2016 un 80% dijo estar muy preocupado de ser víctima él o alguien de su familia de un delito violento.

Parte importante del éxito de un sistema penal debería medirse por la efectividad del mismo en evitar que personas que cometan un delito vuelvan a reincidir. De la evidencia parcial disponible se desprende que la mayor parte del esfuerzo para evitar que esto ocurra debería hacerse fuera del sistema carcelario. En periodo de elecciones, ¿estará alguno de nuestros candidatos disponible para comprometer más esfuerzos a invertir en sistemas que promuevan la reinserción efectiva?