Una torta en la Corte Suprema americana

Un pastelero del estado de Colorado se opuso a hacer una torta de novios para un matrimonio homosexual: ¿discriminación o libertad de expresión? El caso está hoy en la Corte Suprema de EEUU.

En el año 2012 (previo a la legalización del matrimonio igualitario a nivel nacional en Estados Unidos), una pareja homosexual comenzó a planear su fiesta de matrimonio en Colorado. Uno de los ítems de la lista era la torta de bodas. La pareja fue a cotizar una torta a Masterpiece Cakeshop, empresa conocida por sus artísticos pasteles. Sin embargo, la reunión con Jack Phillips, el pastelero, terminó abruptamente. Phillips les señaló que él no cocinaba tortas de boda para matrimonios homosexuales. Les vendería otro tipo de tortas, de pasteles o de galletas, pero su religión cristiana le impedía poner sus talentos y su arte para una celebración de dicha naturaleza. Por lo mismo, tampoco vendía tortas con motivos que contengan alcohol, alusiones a Halloween o que celebren el divorcio.

La pareja presentó un reclamo ante la División de Derechos Civiles de Colorado, por violación a la Public Accomodation Law, que prohíbe la discriminación en la prestación de servicios y ventas al público. La División sancionó a Phillips, considerando que debía cocinarles la torta, tal como se las cocinaba a otras parejas heterosexuales. El caso siguió escalando judicialmente en Colorado, con fallos en contra del pastelero. Finalmente, la discusión sobre la torta llegó a la Corte Suprema, que en diciembre fallará al respecto (Masterpiece Cakeshop, Ltd v Colorado Civil Rights Commission).

En vez de enmarcarse dentro de una discusión de libertad religiosa, Phillips argumenta que la ley no puede obligarlo a crear una expresión artística que atente contra sus creencias religiosas sobre el matrimonio, en violación de la Primera Enmienda, que protege la libertad de expresión. Según el pastelero, dicha enmienda protege no solo la expresión verbal sino también visual, desde pinturas y películas hasta tatuajes. Y, por supuesto, tortas. Porque las tortas de bodas implican un mensaje sobre el matrimonio y sobre la pareja que lo contrae. El actual Gobierno apoya la causa de Phillips, señalando que, si bien no toda prestación de servicios implica una manifestación de expresión, en este caso sí la hay.

La pareja homosexual y el estado de Colorado cuestionan que la libertad de expresión o la libertad religiosa estén implicadas en la ley que prohíbe la discriminación en la prestación de servicios y ventas al público. Por ejemplo, el pastelero podría explicitar que la venta de sus productos no implican el apoyo a una determinada causa y nada le impide ejercer su religión. Además, advierten, un fallo a favor de Phillips puede tener efectos más allá de las tortas: peluqueros, arquitectos, floristas y otros profesionales que usan sus habilidades artísticas podrían refugiarse en la libertad de expresión para negar sus servicios a parejas homosexuales (como ya ha sucedido: Elane Photography v Willock)

El caso Masterpiece Cakeshop es interesante por varias razones. Si bien el camino elegido por Phillips puede tener que ver con una estrategia judicial (la Corte Suprema ha sido particularmente receptiva a los argumentos de libertad de expresión en los últimos años), la discusión sobre su extensión no deja de ser desafiante.

En segundo lugar, el caso muestra que la discusión sobre el matrimonio no termina con la legalización, tal como lo advirtió la propia sentencia que así lo hizo (Obergefell v Hodges). Ello, a su vez, dice relación con el uso de la vía judicial para definir cuestiones socialmente relevantes, como ha sido el caso con el aborto en Estados Unidos (por ejemplo, ver afirmaciones de Justice Ginsburg al respecto).

Por último,  es interesante cómo todavía resuena la segregación racial en Estados Unidos, ahora para otras minorías. La pareja homosexual reconoce que podrían haber comprado la torta de bodas en otra pastelería (y, de hecho, obtuvieron una de regalo para la celebración); el punto es que se les denegó el servicio por ser quienes ellos eran. Para algunos, ello es muy similar a la doctrina de separados, pero iguales, que operó en Estados Unidos entre fines del siglo XIX y mediados del XX respecto de blancos y negros.