Gráfico de la semana: Pobreza y Edad

En el debate de políticas sociales a menudo se olvida que la tasa de pobreza (medida por ingresos) está negativamente correlacionada con la edad de las personas. Más allá de las fluctuaciones que se muestran para distintas edades (propias de estudios muestrales) la tendencia es clara. Hay poca conciencia de esta realidad. Al menos así lo deja entrever el diseño de la política social.

 

Una pregunta que deberían responder los que articulan la política social es si no es conveniente tratar de tener un diseño más equitativo. Ello obviamente más allá de lo que puede explicar el comportamiento de políticos que aspiran a maximizar su caudal electoral. En principio, la situación que enfrentan las personas en sus primeros años tiene un efecto duradero durante todo el ciclo de vida. Así, mientras mejores sean sus condiciones iniciales, la probabilidad de un adecuado desarrollo de sus habilidades cognitivas y socioemocionales aumenta, y con ello se reducen sus comportamientos riesgosos durante la adolescencia y la vida adulta temprana, además de asegurar una mejor integración a la vida laboral y una mayor estabilidad emocional. Los apoyos en la vida adulta, por consiguiente, se hacen menos necesarios. Por ello, quizás la política social debería hacer un mucho mayor esfuerzo para mantener bajos los niveles de pobreza de los niños. El retorno social de esta decisión puede ser muy elevado. Por cierto, no es una tarea fácil alcanzar ese equilibrio. Sobre todo, porque con recursos escasos, puede significar elevar la tasa de pobreza de los adultos mayores. Pero de ser así, ello ocurriría solo en el corto y mediano plazo. Las inversiones en reducir la pobreza infantil a la larga también reducirían la pobreza en la edad adulta. La transición hacia una política social más equitativa es la compleja, pero no el equilibrio final.