Los Miserables

La historia de una mujer que, tras cometer un atroz crimen y pasar 20 años en la cárcel, intenta reinsertarse en la sociedad. ¿Puede alguien que protagoniza una historia de redención y que ha cumplido cabalmente con su sentencia y los requisitos legales volver a ser condenada una y otra vez por su crimen fuera del sistema judicial?

En julio de 1992 Michelle Jones de 20 años, acompañó a una amiga a una conferencia sobre teatro por un fin de semana a la ciudad de Detroit en el estado de Michigan. En su casa, en Indiana dejó abandonado (presumiblemente después de haberlo golpeado) a su hijo Brandon de cuatro años de edad quien padecía una enfermedad congénita. Esa fue la última vez que alguien vio a Brandon con vida. Al regresar de su viaje, según declararía después, Michelle tomó el cadáver de Brandon y lo llevó a un bosque donde intentó enterrarlo. El cuerpo del pequeño nunca fue encontrado.

Michelle Jones, víctima ella misma de abuso y violación durante su infancia y adolescencia, fue condenada a 50 años de prisión.

Durante su reclusión, Jones trabajó en la biblioteca legal de la cárcel, obtuvo un certificado como asistente jurídico y luego una licenciatura universitaria y asistió remotamente a algunas clases de doctorado de la Universidad de Indiana. En 2012, bajo la tutela de Kelsey Kauffman una profesora universitaria que hacía voluntariado en prisión, comenzó a investigar sobre el origen de la cárcel en la que residía. Fue entonces que, con una compañera de prisión realizó un descubrimiento importante, que luego llevaría a otro y finalizaría con el descubrimiento de la existencia de reformatorios católicos para “mujeres caídas” (es decir, prostitutas) en la forma de cárceles privadas administradas por religiosas de los que no existía un registro y cuya historia recientemente había sido desenterrada en Irlanda (la película “The Magdalene Sisters” se basa en esa historia).

El trabajo Michelle y su coautora Lori Record, “Magdalene Laundries: The First Prisons for Women in the United States” fue publicado en el Journal of the Indiana Academy of Social Sciences en marzo de 2017.

A fines de diciembre de 2016, con 20 años de su sentencia cumplidos y siendo elegible para beneficios carcelarios, Michelle postuló a varios programas en algunas de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos. Estuvo entre los 18 postulantes admitidos, entre más de 300, al programa de Doctorado en Historia de la Universidad de Harvard.

El Estado de Indiana incluso aceptó liberarla tres semanas antes del plazo mínimo legal para que pudiera instalarse en su nueva ciudad y comenzar sus estudios a tiempo.

Y, entonces, Harvard retiró su oferta.

La Universidad argumentó que Michelle había ocultado los detalles de su crimen y que eso constituía un incumplimiento de las condiciones de postulación al programa.

Muchos columnistas y analistas han formulado muchas preguntas válidas respecto a este caso: ¿Ocultó realmente algo Michelle? Después de todo, postuló desde la cárcel, declaró la razón de su sentencia y la información al respecto es pública (incluso a alguien que no es experto en búsquedas legales, le toma 20 segundos en Google encontrar los documentos del juicio de Michelle). ¿Habría actuado Harvard con el mismo recelo si Michelle no fuera (como probablemente Ud. ya adivinó a estas alturas) negra?

Pero la pregunta más relevante es si alguien que protagoniza una historia de redención como ésta y que ha cumplido cabalmente con su sentencia y los requisitos legales puede volver a ser condenada una y otra vez por su crimen fuera del sistema judicial. Después de todo, una condición ineludible para la rehabilitación primero y la reinserción después, es que la sociedad que condena e impone una pena esté dispuesta a obviar la razón de la condena una vez la pena se ha cumplido y eso es una responsabilidad de todos quiénes conforman dicha sociedad incluidas personas e instituciones públicas y privadas. Esto debiera ser especialmente cierto en el caso de instituciones que, sobre todo, buscan la verdad y el conocimiento.

Por suerte para Michelle, otras Universidades no retiraron sus ofertas por lo que podrá seguir sus estudios de doctorado en New York University, otra excelente escuela y convertirse en una historiadora y académica.

Es de esperar que el rechazo de Harvard tenga menos impacto en el futuro de Michelle que el que tenga en la historia y prestigio de dicha Universidad.

¿Quiere saber más?

From Prison to Ph.D.: The Redemption and Rejection of Michelle Jones, The New York Times, https://www.nytimes.com/2017/09/13/us/harvard-nyu-prison-michelle-jones.html

The Case of Michelle Jones, TPM, http://talkingpointsmemo.com/edblog/the-case-of-michelle-jones

Mansha Sinha, We don’t think Michelle Jones could change because we see black moms as monsters, Columna en The Washington Post, https://www.washingtonpost.com/news/posteverything/wp/2017/09/21/we-dont-think-michelle-jones-could-change-because-we-see-black-moms-as-monsters/?utm_term=.987e464e9db3

Michelle Jones y Lori Record (2017), “Magdalene Laundries: The First Prisons for Women in the United States”, Journal of the Indiana Academy of the Social Sciences, 17(1).  http://digitalcommons.butler.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1043&context=jiass