La bandera más linda del mundo

La vida diaria nos ofrece a menudo indicios de que somos un país chauvinista. Pero, ¿lo somos realmente? La encuesta internacional de ISSP sobre identidad nacional, implementada en 36 países en el año 2003 nos ofrece algunas luces.

La vida diaria nos ofrece a menudo indicios de que somos un país chauvinista. Chile, el país más largo y angosto, excepcional en el contexto latinoamericano, con el desierto más árido y la mina a tajo abierto más grande, con dos premios Nobel de literatura y nuestra propia reina de belleza, los ingleses de América Latina, miembros de la OCDE, con los mejores completos y empanadas, los bicampeones de América. Cuando dos aviones se estrellan contra las Torres Gemelas, nos preocupa si el Presidente Lagos se comunicó ya con su homólogo americano. Cuando un terremoto azota México matando a más de trescientas personas, nos inquieta si no habrá habido un chileno entre las víctimas. Creemos que Inglaterra entera no durmió por meses por la incertidumbre sobre la eventual salida de Alexis del Arsenal y nos produce profundo orgullo que hordas de argentinos crucen la cordillera para venir a nuestro Costanera Center. Nos ofende que alguien crea que el pisco es peruano y no entendemos cómo nadie se ha hecho rico exportando manjar a Europa.

Incluso, cuando yo era niña, se rumoreaba que en un concurso internacional nuestra bandera salió elegida la más linda, mientras que nuestro himno salió segundo, detrás de, cómo no, la Marsellesa.

Pero, ¿somos realmente chauvinistas o es que los ciudadanos de todos los países se emocionan de igual manera cuando su país aparece mencionado en alguna película (como es nuestro caso en “Loco por Mary”)?

La encuesta internacional de ISSP sobre identidad nacional, implementada en 36 países en el año 2003 y aplicada en Chile por el CEP, nos ofrece algunas luces (lamentablemente, no tenemos datos de ISSP más actualizados para Chile). Varias de las preguntas de esta encuesta apuntan a aspectos que, si bien pueden reflejar chauvinismo, tienen relación con beneficios objetivos que las distintas nacionalidades ofrecen. Por ejemplo, el acuerdo con “Yo preferiría ser ciudadano de ______ que de cualquier otro país del mundo” manifiesta algo de nacionalismo, pero también, quizás, que ciertas nacionalidades dan acceso a numerosas prestaciones de seguridad social o permiten trabajar en toda la Unión Europea. Es por eso que, para cumplir con mi objetivo, escogí la pregunta sobre el grado de acuerdo con “El mundo sería un mejor lugar si las personas de otros países fueran más parecidos a los ________”. El acuerdo con esta pregunta, en el fondo, apunta a la creencia de que hay algo propio en el carácter de los connacionales que lo hace digno de exportación masiva. Veamos, en el siguiente gráfico, los resultados[1].

Efectivamente, Chile se ubica en la parte alta de la tabla. 47% de la población chilena en 2003 estaba de acuerdo o muy de acuerdo con que el mundo sería mejor si las personas del resto del mundo se parecieran más a nosotros. No es poco. En este índice nos superan sólo Sudáfrica, Canadá, Venezuela, Filipinas y Austria. Y estamos muy por encima de algunos reinos de la seguridad social (Noruega y Suecia, por ejemplo), del país más rico del mundo (Estados Unidos) y de los originadores de las revoluciones Francesa e Industrial, que abrieron paso a la era moderna (Francia y Reino Unido).

Tampoco deja de ser llamativo que el 74% de los chilenos esté muy o algo orgulloso de nuestros logros científicos y tecnológicos y el 59% de nuestra influencia política en el mundo, similar a Gran Bretaña, y por encima de Japón, Rusia y Alemania.

Yo quiero muchísimo a mi país, pero confieso que tengo algunas dudas.

[1] El análisis no usa ponderadores, puesto que ellos no están disponibles para todos los países en la muestra.