Aranceles y costo de la educación superior

A propósito del reporte de Education at a Glance 2017, de la OCDE, se destacaron los elevados aranceles universitarios de Chile. Sin embargo, en el debate se ha confundido el valor de los aranceles con el costo del sistema. Aquí una reflexión de por qué ambos conceptos son distintos y nos llevan a distintas conclusiones.

La publicación anual de Education at a Glance siempre abre espacios al análisis de algún aspecto del sistema educacional chileno. Es una publicación de estadísticas comentadas de los 35 países miembros de la OCDE y otros 10 u 11 que aspiran a ingresar al “club” o están evaluando su postulación a él. Es de una extensión de 450 páginas y, por tanto, ofrece una rica información de cada país. A propósito del reporte de 2017 se destacaron los elevados aranceles universitarios de Chile. En efecto, se informa que estos son, al nivel de la licenciatura o equivalente los segundos más altos después de Estados Unidos, particularmente en el caso de las instituciones estatales.

La tabla N. 1 repite algunos de los montos informados tanto para instituciones públicas como privadas en un grupo seleccionado de países (licenciatura o equivalente). Las cifras reportadas están en dólares corregidos por paridad del poder de compra que es algo engañosa, toda vez que este factor intenta corregir por el poder adquisitivo que tiene un dólar en distintos países. Pero por las características de los sistemas de educación superior es difícil pensar que un dólar en Chile, pueda “comprar” más educación superior en Chile que en Estados Unidos (por ejemplo, los salarios promedios de los profesionales no son muy distintos en ambos países y la educación superior es altamente intensiva en este factor). Para llevar a dólares corrientes las cifras de Chile (son de 2015) habría que multiplicar las cifras de la tabla por 0,58. (En los demás países que son relativamente ricos las cifras en dólares corrientes no son muy diferentes.) Ello colocaría a Chile más atrás en el ranking. Con todo, no es nuestro objetivo evaluar la mejor forma de comparar los aranceles en educación superior.

El panorama en términos de aranceles es evidentemente muy diverso. Aparecen los países del Norte de Europa que históricamente han asegurado gratuidad en educación superior. A ellos se suman Alemania y algunos países de Europa del Este. Les ayuda a sostener esa política la fuerte transición demográfica que experimentaron y que ha reducido fuertemente la proporción de jóvenes respecto de la población general. También la baja diferencia en los salarios de los graduados de universidades respecto de otras formas de educación, que mantiene a raya los incentivos de ingreso a la educación superior. En otros países la presión sobre las cuentas fiscales y la necesidad de allegar más recursos a la educación superior los ha llevado a abandonar la idea de la gratuidad en educación superior. Por cierto, el grado en el que han combinado aportes públicos y privados difiere de un país a otro.

En el debate se ha confundido el valor de los aranceles con el costo del sistema. Ello es obviamente un error. Ahí donde los aranceles son cero no se puede afirmar que el costo del sistema es cero. De hecho, los aranceles son una medición muy imperfecta del costo de la educación terciaria. ¿Pero cuál sería la forma de expresar este costo? Una posibilidad es acudir a la inversión en educación superior como porcentaje del PIB. Sin embargo, esta medida está influida por la proporción de la población que cursa educación superior y la “organización industrial” del sistema, entre otros aspectos. Un camino razonable es elegir como criterio la inversión total por estudiante, independientemente de las fuentes de fondos, respecto del ingreso per cápita del país. Por cierto, no es un indicador perfecto, porque puede esconder, por ejemplo, distintas miradas respecto del volumen de investigación que los países quieren desarrollar o proporciones distintas de personas que asisten a ciclos educativos cortos y largos. Aun así, es útil para evaluar los sistemas de educación superior. La Figura N.1 presenta el gasto por estudiante en educación terciaria (presentado en la tabla B1.1 de Education at a Glance 2017, columna 10) dividido por el ingreso per cápita de los países considerados. Debe notarse que en la publicación referida el gasto por estudiante que se informa está en dólares ajustados por paridad del poder de compra y el año de referencia es 2014 (para Chile el año es 2015). Hay que recordar que muchos de los países con aranceles distintos de cero tienen sistemas de crédito para financiar a sus estudiantes que, dependiendo de cómo se traten, pueden afectar las estimaciones de este gasto. Ahora bien, el divisor debe ser el ingreso per cápita del año correspondiente en dólares ajustados por la paridad señalada.

Es posible apreciar, entonces, que el sistema chileno de educación superior está más bien en la parte baja de los países en términos de inversión relativa por estudiante y, por consiguiente, no parece correcto sostener que es un sistema caro. Por cierto, para hacer una comparación acabada habría que evaluar qué se “compra” con esta inversión. Ese es un ejercicio complejo, pero no hay que olvidar que el sistema de educación superior chileno aparece bien posicionado en Iberoamérica y su inversión es comparativamente baja respecto de otros países de la región. Por esto, que los aranceles sean altos no significa que el sistema sea caro. Solo que las fuentes de fondos del sistema son muy distintas y generan esa realidad. Dicho esto, uno no puede olvidar que el hecho de que los aranceles sean altos es complejo, sobre todo porque las carreras son particularmente largas en nuestro país. En efecto, el primer grado en Chile se obtiene después de estar aproximadamente 6,2 años en la educación superior. En los países de la OCDE el promedio está en torno a los cuatro años. Por cierto, en estos países rara vez se obtiene un título profesional después de egresar de la universidad, pero ello no debería impedir que en nuestro sistema se pueda acceder a un primer grado tempranamente.