La creciente desconfianza en los medios de comunicación

La crisis de confianza también afecta a los medios de comunicación. Tanto los avances en ingresos y educación como la creciente importancia de las plataformas online explican esa desconfianza, lo que puede poner en riesgo la viabilidad financiera de los medios tradicionales y la contribución que hacen, cuando la información es veraz y oportuna, a mejorar el debate democrático.

Mucho se ha hablado de la crisis de confianza que afectaría al país. A menudo, esta observación se basa en los paupérrimos niveles de confianza logrados por el Gobierno, los Tribunales de Justicia, el Congreso y los partidos políticos recientemente. Sin embargo, el declive en la confianza de las instituciones políticas se observa desde hace mucho tiempo y es un fenómeno mucho más generalizado.

Otra desconfianza que también ha crecido tiene relación con los medios de comunicación. De acuerdo a datos de la encuesta CEP, entre agosto 2015 y mayo 2017, la confianza en las radios, la televisión y los diarios cayó 11, 4 y 4 puntos porcentuales, respectivamente. Este declive, si bien no es nuevo, parece estar acelerándose en el último tiempo (ver Gráfico 1).

Gráfico 1: Confianza en los medios de comunicación, 2003-2017

Nota: Porcentaje de chilenos que expresan “Mucha confianza” o “Bastante confianza” en los medios listados. Fuente: CEP, Encuestas Nacionales.

Este fenómeno no es exclusividad de Chile. Por ejemplo, en Estados Unidos, la confianza en los medios llegó a su punto más bajo el 2016 desde que se tiene registro (1972).

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué la confianza en los medios de comunicación ha experimentado tal declive? Para responder veamos que indican los estudios internacionales en esta materia, por ejemplo, este.

Primero, las investigaciones señalan que las personas más expuestas a los medios de comunicación tradicionales son las que más confían en estos medios. En contraste, las personas más educadas y que consumen más medios online tienen menos confianza en los diarios, la televisión y las radios.

Segundo, los estudios muestran que el cambio valórico también ayuda a explicar la confianza en los medios. En concreto, sociedades que transitaron desde valores orientados a la satisfacción de las necesidades materiales básicas y la supervivencia hacia valores post-materialistas, esto es, que priorizan objetivos como la libertad individual, la libre expresión y la participación en la toma de decisiones, tienden a ser más escépticas de las autoridades sociales y políticas y, por cierto, de los medios de comunicación. Relacionado con lo anterior es que se ha encontrado que los países más prósperos ―y por ello más adelantados en el tránsito hacia los valores post-materialistas―, en promedio, desconfían más de los medios.

¿Están presentes estos factores en Chile?

Por un lado, Chile ha experimentado una transformación material relevante en los últimos treinta años, que le permitió alcanzar importantes logros económicos y sociales. Junto a ello, la masificación de la educación ha generado que la mayoría alcance niveles educativos más altos que sus padres. Así, los avances en prosperidad y cobertura educacional pueden explicar parte de la creciente desconfianza en los medios de comunicación.

Por otro lado, si bien Chile no ha avanzado tanto en el tránsito hacia los valores post-materialistas, los datos muestran que la generación de chilenos nacidos al final de la dictadura tiene valores algo más post-materialistas que el resto de la población. El Gráfico 2 ilustra el promedio un indicador de post-materialismo, calculado a partir de las cinco olas de la World Value Survey aplicadas en Chile a la fecha, tanto para jóvenes (menores de 29 años) y el total de la población, además, de los porcentajes de jóvenes y adultos con valores post-materialistas (puntajes mayores que 3 en la escala estándar de 12 ítems de estas encuestas). La figura muestra que existe una leve tendencia al alza entre 1990 y 2011, subiendo 5 puntos porcentuales en más de 20 años, sin embargo, no se observan las diferencias generacionales tan marcadas predichas por las teorías de cambio valórico, ya que la diferencia entre los jóvenes y el total poblacional nunca es mayor de 5 puntos. Por lo tanto, la evidencia de una tendencia de los chilenos hacia el post-materialismo aún es bastante débil.

Gráfico 2: Post-materialismo en jóvenes y población general en Chile, 1990-2011

Nota: Promedio y porcentaje de personas con puntajes mayores que 3 en la escala de 12 ítems de post-materialismo, para jóvenes (hasta 29) y población general en Chile. Fuente: Encuesta Mundial de Valores 1990, 1996, 2001, 2006 y 2011.

Quizás, por esa razón, no sorprende que la generación de chilenos nacidos al final de la dictadura y después sea la más proclive a consumir información a través de plataformas online y redes sociales, y la que menos confía en los medios tradicionales. Y aunque el grupo que sigue temas políticos en redes sociales con alguna frecuencia todavía no es mayoritario ―un 25% según la última encuesta CEP del 2016―, es el que más ha crecido en los últimos años ―10 puntos porcentuales desde 2011.

Todo ello hace pensar que los factores que acrecientan la desconfianza en los medios de comunicación están presentes en Chile.

Más aún, si la prosperidad, la cobertura y calidad de la educación y la importancia de las plataformas online crecen hacia adelante, y las cohortes con valores post-materialistas se convierten en mayoría, la desconfianza en los medios de comunicación tradicionales se podría profundizar. En ese caso, es posible que los individuos opten por alejarse de tales medios y busquen información en sus redes sociales. Dada la tendencia natural de las personas a relacionarse con otros con opiniones similares, la información que tenderá a circular en estos grupos de personas será cercana a las creencias propias, sin importar su distancia de los hechos objetivos. En tal escenario, podría ocurrir que los grupos que se formen en las redes sociales se aíslen de otras personas o fuentes con opiniones diferentes, propiciando la aparición de la posverdad.

Con todo, el progreso de nuestro país le plantea enormes desafíos a los medios de comunicación tradicionales. La creciente desconfianza en éstos puede poner en riesgo su viabilidad financiera y la importante contribución que éstos hacen ―cuando la información es veraz y oportuna― a la calidad del debate democrático.