¿Estamos dispuestos a pagar mayores impuestos para salud?

Los resultados de la Encuesta CEP muestran que la salud no sólo es una prioridad para las personas, sino que, además, las personas están dispuestas a aportar económicamente para que el servicio mejore. Esta preferencia de las personas es indistinta respecto de la inclinación política.

Las desafíos en el sector salud son múltiples y abarcan desde mejoras en los ámbitos de acceso oportuno (tiempos de espera) a la atención que los pacientes necesitan hasta avanzar en cerrar las brechas de cobertura financiera que existen una vez que se accede a los servicios (disminuir gasto de bolsillo y sobre todo la incertidumbre de cuánto se deberá pagar). Llevar a cabo estos cambios implica alinear una serie de factores, como por ejemplo, voluntad política para abordar estos problemas y recursos disponibles para llevarlas a cabo.

El primer factor debiera cumplirse, pues, por una parte, en la encuesta CEP, consistentemente el ítem salud es mencionado por los encuestados entre los tres aspectos prioritarios en los que el gobierno debería centrar sus esfuerzos. Por otra parte, hay claros indicios de descontento con ciertos atributos de las atenciones en salud, como facilidad para realizar una prestación, tiempos de espera, entre otros, los que “no pasan de curso”, es decir, son evaluados con notas inferiores a 4 (Gráfico 1).

Gráfico 1: Notas por cada atributo de la atención en salud, 2017

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CEP nº80 (julio-agosto 2017).

Asimismo, la incertidumbre financiera conlleva una cierta fragilidad (Gráfico 2), tanto para afiliados de Fonasa como de las Isapres, que se refleja en que cerca de un 20% de personas (es decir, 1 de cada 5) reporta que el pago que realizó de su bolsillo le provocó un problema en su presupuesto o el de su familia, o que no recibió el tratamiento médico que necesitaba, porque no podía pagarlo (Encuesta CEP n°80).

Gráfico 2: Fragilidad financiera

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CEP (nº80).
Nota: Se califica a las personas que sufrieron de fragilidad financiera, si reportan que el pago que tuvo que hacer de su bolsillo le provocó un problema en su presupuesto o el de su familia, o que no recibió el tratamiento médico que necesitaba, porque no podía pagarlo.

Respecto a la disponibilidad de recursos para llevar a cabo mejoras en el sector salud, sería importante saber si la preocupación y descontento de las personas con los aspectos mencionados, así como la fragilidad financiera, se manifiestan en disposición a involucrarse en el desarrollo de estos cambios y, en particular, en contribuir con su financiamiento. La misma encuesta CEP nos entrega luces en este respecto. En específico, los datos muestran un incremento importante en la disposición de las personas a pagar impuestos para mejorar el nivel de atención de salud. En efecto, un 20% de las personas estaba dispuesta a pagar más impuestos en 2011 para mejorar el nivel de atención en salud, cifra que en 2017 sube a 32% (Gráfico 3).

Gráfico 3: Evolución de la disposición a pagar impuestos, 2011 y 2017

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CEP (nº65 y nº80).
Nota: Dispuesto = “Muy dispuesto” y “Bastante dispuesto”. Indispuesto = “Bastante indispuesto” y “Muy indispuesto”. Excluye menciones no sabe/no contesta.

Los datos muestran que no habría un sesgo ideológico (Gráfico 4) en esta mayor disposición a financiar las mejoras del servicio de salud, ya que las menciones no varían estadísticamente entre personas que se identifican como de izquierda, centro o derecha.

Gráfico 4: Disposición a pagar impuesto por ideología política, 2017

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CEP (nº80).
Nota: Se clasifica a personas de izquierda a quienes en una escala de 1 a 10, siendo 1 de izquierda y 10 de derecha, dicen estar entre 1 y 4, como personas de centro, entre 5 y 6, y como personas de derecha, entre 7 y 10.

Al desagregar por otros factores, llama la atención el aumento en la disposición a pagar más impuestos que se da entre los usuarios de Isapres respecto de los de Fonasa, que si bien también aumenta, lo hace en menor magnitud. En efecto, la proporción de personas afiliadas a Isapres que menciona la alternativa “dispuesto” pasó de 24% en 2011 a 53% en 2017, es decir, creció en 116% (se más que duplicó), mientras que dicha proporción en el caso de afiliados a Fonasa creció en 52% (Gráfico 5).

 Gráfico 5: Disposición a pagar impuestos por tipo de previsión, 2011 y 2017

 

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CEP (nº65 y nº80).
Nota: Excluye menciones no sabe/no responde y personas que no están clasificadas en Fonasa o Isapre. La flecha muestra el incremento de 2011 a 2017 en disposición a pagar impuestos para beneficiarios de Isapre.

En línea con estas cifras, en 2017 quienes utilizaron prestadores privados (no se tienen cifras para 2011) están más dispuestos a aumentar su carga tributaria (42%) que quienes utilizan prestadores estatales (27%).

Gráfico 6: Disposición a pagar impuestos por tipo de prestador, 2017

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CEP (nº80).
Nota: No se presenta en el gráfico las menciones de “Ni dispuesto ni indispuesto” e “Indispuesto”. Prestador estatal = consultorio, posta o centro de salud primario, urgencia en un hospital público, urgencia en un centro de salud no hospitalaria público, hospital público. Prestador privado = Consulta o centro médico privado, consulta o centro médico de alguna corporación privada, urgencia en una clínica y hospital privado, urgencia en un centro de salud no hospitalario privado, clínica y hospital privado, establecimiento de las FF.AA, Hospital de una Mutual de Seguridad.

También se encuentran diferencias en la disposición a pagar por tramo etario y género, pero esa información la revisaremos en otro artículo.

En conclusión, estos datos muestran que la salud no solo es una prioridad para las personas, sino que, además, las personas están dispuestas a aportar económicamente para que el servicio mejore. El que no se observen diferencias en el color político de estas preferencias, en época de elecciones, hace que solo reste que los candidatos apuesten por la salud.