De la encuesta a los votos: aproximando la elección del domingo

A partir de los datos de la encuesta CEP, esta entrada describe un procedimiento secuencial que permite asignar preferencias posibles a los indecisos y a partir de esto, aproximarse a un escenario posible el día domingo.

Si usted está leyendo esta entrada, es probable que alguien le haya ofrecido participar en alguna apuesta o polla respecto a lo que ocurrirá el fin de semana (y no nos referimos a esto). Asimismo, es posible que usted haya considerado mirar las encuestas para informar su apuesta. Ahora bien, traducir los porcentajes que reportan las encuestas a los recuentos oficiales del SERVEL no es un ejercicio tan directo. Para empezar, las encuestas describen las preferencias de los entrevistados en un momento particular (previo al día de la elección) y les piden a los participantes que predigan su propia conducta futura. Además, los datos que publican las encuestas incluyen a los llamados “indecisos” y “votantes probables”. ¿Cómo podemos describir un escenario posible a partir de las cifras de encuestas? En esta entrada ofrecemos una aproximación con los datos de la última encuesta CEP.

En una entrada anterior, decíamos que uno de los aspectos más comentados de la última entrega de resultados de la encuesta CEP fueron los indecisos, ellos corresponden a los encuestados que dejaron en blanco la papeleta, anularon su voto o bien escribieron que no votarían en una simulación de voto en urna de la primera vuelta presidencial en la encuesta.

Para obtener una estimación más precisa del recuento de las papeletas necesitamos asignar estos indecisos a alguna preferencia; recordemos que el porcentaje que define a los ganadores de las elecciones se calcula a partir de los votos válidamente emitidos, es decir, sin indecisos ni nulos ni blancos. Para resolver este problema, nuestra estrategia consiste en asignar de manera secuencial una preferencia a los individuos que son identificados como votantes probables (VP, cuyos detalles acerca de la construcción de este grupo se encuentran disponibles en este documento), pero que no marcan una preferencia válida en el voto de urna de la encuesta. La secuencia es la siguiente:

  • A aquellos VP que no manifiestan una preferencia válida en el ejercicio de la urna, le asignamos su respuesta a la pregunta del cuestionario: “Si las elecciones fueran el próximo domingo y los candidatos fueran los siguientes, ¿por quién votaría usted?” Esto se basa en que creemos que el voto de urna es la mejor medición de las preferencias electorales, seguida de la pregunta del cuestionario.
  • De los VP que no manifiestan ninguna preferencia en ambas variables, les asignamos el candidato por el cuál declaran estar decididos a votar, solamente en caso de que respondan estar decididos por un solo candidato. Este indicador lo consideramos como más indirecto, por lo cual lo supeditamos a los ítems anteriores.
  • Tras el procedimiento anterior, le asignamos a los indecisos que quedan su respuesta en la pregunta abierta “¿Quién le gustaría que fuera el presidente de Chile?” cuando esta refleja algún candidato de los inscritos. Nuevamente, esta pregunta la consideramos más indirecta a las anteriores, por lo que su uso se limita a quienes no exhiben preferencias en ninguno de los indicadores anteriores.
  • A los VP indecisos que aún quedan tras la aplicación de estos procedimientos, les asignamos una preferencia por un candidato de acuerdo a un análisis de la combinación de las respuestas a las siguientes variables: aprobación presidencial, evaluación positiva de los candidatos, votos urna en segunda vuelta y posición política.
  • Finalmente, distribuimos a quienes no le pudimos asignar ninguna preferencia de manera proporcional. Note que esto es equivalente a decir que esas personas no emitirán un voto válido, ya sea porque voten nulo, blanco o se abstengan.

La proporción de indecisos entre los VP de acuerdo a cada paso del procedimiento se exhibe en la siguiente figura:

 

A partir de este proceso, podemos estimar la distribución de preferencias válidas entre los VP, tal como se muestran en la siguiente figura, a la que además le agregamos la estimación de incertidumbre asociada a la proyección de la muestra a la población. Así, nuestro cálculo incluye una banda entre la cual esperamos que podría fluctuar la proporción de votos que obtendría cada candidato (técnicamente, los intervalos de confianza del 95% consideran el efecto de diseño de la encuesta).

Este escenario es uno de los muchos posibles el día domingo. Recordemos que la metodología de la encuesta CEP permite medir con relativa precisión las preferencias electorales de los chilenos en el período comprendido por el estudio, en este caso, entre el 22 de septiembre y el 16 de octubre. La encuesta no cubre el último mes de campaña, caracterizado por la presencia de propaganda electoral y franja televisiva. Cuando son efectivas, las campañas pueden promover la participación y persuadir a los ciudadanos por otras opciones electorales.

Más aún, nada garantiza que el modelo de “votante probable”, estimado a partir de relaciones observadas en elecciones pasadas, también sea válido en el futuro. Los modelos de participación electoral requieren de una serie de elecciones para su validación.

De este modo, al menos por las dos razones ya mencionadas, el escenario aquí descrito puede ser distinto del vigente el día de la elección.

Finalmente, esta estimación corresponde a lo posible dentro de los límites de los datos de UNA encuesta. La evidencia reciente en Chile y el extranjero sugiere que la combinación de varias mediciones puede resultar en predicciones más precisas (o bien fallar miserablemente).