Educando sobre el consentimiento y violencia sexual

Harvey Weinstein, Kevin Spacey, Roman Polanski, Bill Cosby son parte de una larga lista de personalidades de Hollywood acusados de acoso sexual. Chile no se queda fuera, políticos como Patricio Hales, el guitarrista del grupo chileno (Me llamo) Sebastián entre otros, también se han visto envueltos en estas acusaciones. Este tipo de hechos también se dan en la cotidianidad. El año 2016, las secretarías de género y sexualidad de 10 universidades chilenas recibieron 228 denuncias por acoso. En esta entrada, intentaré explicar un elemento esencial para entender estos casos: el consentimiento.

En general, se nos hace fácil entender qué es el consentimiento en contextos distintos a las relaciones de pareja. La Real Academia Española define consentimiento, como “en los contratos, conformidad que sobre su contenido expresan las partes”. Así, cuando firmamos un contrato para abrir una cuenta en un banco o la póliza de seguro del auto, estamos dando nuestro visto bueno al contenido de este, y por ejemplo, accedemos a cláusulas como que si manejamos bajo los efectos del alcohol, el seguro no responderá ante los daños.

En el caso de las relaciones sexuales, el asunto se vuelve más complejo. Esto, dado que no existe prueba física del acuerdo y que existen “áreas grises”, donde muchas veces se cuestiona si existió la expresa aceptación para el acto sexual. De forma muy creativa, el estudio multimedia Blue Seat explica en el siguiente video todo lo que hay que saber sobre el consentimiento (traducción del video original).

 

Algunas de las lecciones que nos deja el video y que sintetiza muy bien el manual de la Universidad de Michigan sobre conducta estudiantil en material sexual y de violencia de género e interpersonal, son las siguientes. El consentimiento no debe ser asumido. Ni por el lenguaje corporal, la apariencia o comunicación no verbal. Tampoco si se está en una relación de pareja o si ya se ha incurrido en actividad sexual en el pasado con la misma persona, si la contraparte se niega o resiste al evento, o si es que existe incapacitación (por el uso de drogas o alcohol), entre otros.

Algunos se podrán preguntar si esta clase de videos y, en general, la educación sobre el consentimiento y sobre qué es violencia sexual, tiene o no efectos positivos en las personas. Las investigaciones sobre el tema concuerdan en que sigue habiendo una escasez de evaluaciones de los resultados de programas orientados a concientizar, informar y prevenir los abusos. No obstante, existen algunos lineamientos a seguir cuando se implementan estas políticas y que sí han mostrado resultados en cambiar las actitudes en el largo plazo.

Por ejemplo, se ha enfatizado en la necesidad de que los programas sean dirigidos a hombres y mujeres por separado, que el contenido sea basado en evidencia y entregado por personas cercanas a los participantes en un ambiente relajado. A su vez, han identificado que para ser efectivos, los programas de prevención de la violación deben apelar a cómo se sienten los hombres (es decir, no confrontarlos como posible violadores), porque en realidad, sólo una minoría de ellos lo es realmente.

Las principales evaluaciones provienen de Estados Unidos, específicamente, de un programa llamado The Men’s Project, dirigido a hombres universitarios con el fin prevenir la agresión sexual. La evidencia de la aplicación de este programa a estudiantes de pregrado del sureste de Estados Unidos mostró sus efectos positivos. Luego de una instrucción de 1 hora y de 60-90 minutos de focus group, donde se les explicaba a los participantes lo que era una violación, qué era el consentimiento y cómo se sentían las victimas de estos eventos, entre otras. Los participantes informaron una mayor comprensión de cómo se sentiría la violación y atribuyeron este cambio a ver una cinta de video que describe una situación de violación. Los participantes se abstuvieron de contar chistes sobre violación e informaron sentirse más efectivos cuando ayudaban a los sobrevivientes a buscar ayuda.

En una aplicación de este programa, en universidades del medio oeste de Estados Unidos, que incorporó también normas sociales y la educación de intervención cuando se es espectador de violencia, se mostró nuevamente un impacto positivo en lo que se entendía sobre agresión sexual y un efecto en las percepciones de los hombres de que sus compañeros intervendrían cuando encontraran conductas inapropiadas en otros. En relación con el grupo de control, los participantes también informaron menos refuerzo para participar en conductas sexualmente agresivas, informaron menos asociaciones con compañeros sexualmente agresivos e indicaron una menor exposición a medios sexualmente explícitos.

En Kenya, la aplicación de un programa con el mismo espíritu también evidenció resultados positivos. Durante 6 semanas, 1.500 alumnos hombres de enseñanza media fueron sometidos a un curso sobre los efectos de la violencia de género y comparados con 293 alumnos que no fueron sometidos a tal programa. Entre los que recibieron el programa, sus actitudes de rechazo hacia la violencia de género aumento en un 78% en casos donde presenciaron violencia verbal (intervinieron en la situación) y 75% en caso de violencia física. Estas mejoras se mantuvieron múltiples evaluaciones de seguimiento.

Educar sobre el consentimiento y las situaciones de acoso sexual y cómo prevenirlo es una tarea que toma tiempo, pero es efectiva cuando se hace de la forma correcta. Las políticas de educación sexual en Chile todavía tienen mucho que avanzar en esta materia. No solo se debería implementar este tipo de programas en colegios, sino también universidades y en el trabajo, para lograr un mayor alcance.