El discurso de Ishiguro

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Para los admiradores de Kazuo Ishiguro (entre quienes me cuento) ha sido un verdadero placer leer su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura el 7 de diciembre pasado en Estocolmo.

En las palabras del autor se puede descubrir al Ishiguro íntimo, personal, sensible que conocemos en sus novelas y cuentos, para encontrarnos con el relato paso a paso sobre cómo ha ido construyendo su escritura.

“Las ficciones pueden entretener, en ocasiones enseñar o polemizar sobre algún tema. Pero para mi lo esencial es que transmiten sentimientos, que apelan a lo que compartimos como seres humanos por encima de fronteras y separaciones”

 

Con una voz que impacta por su humildad, el autor cuenta que llegó a Inglaterra a los 5 años y no volvió jamás a su país natal, hasta mucho después de escribir su primera novela Pálida luz en las colinas, ambientada en Nagasaki, durante los años posteriores al lanzamiento de la primera bomba atómica. Pasaron muchos años para que se le revelara que escribir era un urgente acto de preservación del Japón que se había creado en su cabeza y así lo declara cuando dice: “He escrito a menudo sobre personas que se debaten entre olvidar y recordar”.

 

Lo fascinante es que desde esa alma profundamente japonesa, pero al mismo tiempo inglesa, haya surgido también una historia como la de Lo que queda del día, quizá su libro más famoso, en el que traza uno de los mejores retratos de una Inglaterra en retirada a través de la historia del mayordomo que fue llevado al cine con Anthony Hopkins como protagonista. Entonces, uno se pregunta cómo logra Ishiguro juntar esos dos mundos tan distantes y al mismo tiempo tan próximos que habitan en sus textos.

Algunas de las claves las podemos encontrar en este discurso que recomiendo, con entusiasmo, leer en el siguiente link:

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