Polarización, fragmentación y la crítica, Parte 2.

Esta serie de dos entradas, recordemos tiene como objetivo entregar al lector algunas luces sobre conflictos o dificultades de los procesos investigativos en el área de la economía política y su flirting indiscreto con las ciencias políticas y la sociología frente a los fenómenos de polarización ideológica y fragmentación del sistema de partidos.

En una primera instancia se presentó la principal dificultad, a mi juicio, para poder evaluar los niveles de polarización de la población votante de Chile (extracción ideológica, ver aquí Parte 1) y en esta segunda entrada se expone uno de los principales obstáculos para determinar si estamos o no frente a un sistema de partidos fragmentado. Cabe considerar que, como se mencionó en la primera parte de esta serie, ambos problemas se presentan en las metodologías utilizadas, particularmente para este segundo fenómeno (fragmentación), las teorías y modelos parecen estar razonablemente justificadas de manera independiente, sin embargo, no es posible seleccionar una de ellas de manera no arbitraria y poder, de esta manera, operacionalizar de forma única y estándar el nivel de fraccionamiento de dicha estructura de partidos.

Una de las herramientas más utilizada para la medición de este fenómeno se denomina Número Efectivo de Partidos (NEP) propuesto por Laakso y Taagepera, 1979[1], el cual corresponde a un factor determinado mediante las fuerzas relativas de los partidos según su representación en los parlamentos o congresos; esta herramienta proporciona un dígito que varía a medida que varían los partidos y sus representaciones. Para el caso chileno no existe evidencia sobre las mediciones de este dígito en las que sea posible afirmar que ha existido fragmentación constante o relativa a los años anteriores debido a dos factores: el primero es la amplia fluctuación en el índice entre los distintas momentos en los cuales se ha medido, no pudiendo determinar una tendencia o incluso manteniendo los niveles de fragmentación en el tiempo, como afirman Garrido y Navia, 2005[2]; segundo y más relevante, la presencia de otros índices que han entrado a la metodología como herramientas de medición de fragmentación, como el NE de coaliciones, NE de pactos, NE de candidatos, medición según tipo de elección (mayoritaria, proporcional) como lo hacen Toro, Morales y Piñeiro, 2011[3]; etc.

En un artículo para el este mismo blog y en una línea argumentativa similar, Andrés Hernando y Javier Sajuria son capaces de evidenciar de manera empírica cómo las conclusiones sobre la proporcionalidad alcanzada en las elecciones parlamentarias recién pasadas van a depender del instrumento con el que se midan[4]. A mi juicio y contrario a la esencia de la academia, la selección de la herramienta de medición dependerá, a su vez, de lo que el autor quiera afirmar (similar a lo sucedido con la ideología extraída, que dependerá de lo que el investigador quiera entender según la información entregada por el electorado; y a la fragmentación, que dependerá de si se quiere un sistema fragmentado o no).

Es inevitable encontrar diversas metodologías para determinar los mismos fenómenos relevantes para su estudio, como lo son los conceptos aludidos en esta serie de entradas. Es probable que lo anterior suceda debido a la conmensurabilidad de las distintas teorías y disciplinas a las cuales le compete su investigación; sin embargo, es parte de las ciencias avanzar no solo en la integración de distintas áreas de estudio, sino también en la estandarización de sus metodologías.

Por otro lado, y de manera quizás contradictoria, se deja abierta la invitación a mejorar las falencias que aún quedan respecto a la determinación de polarización y fragmentación para unificar, de una vez por todas, los diversos análisis que circulan en este subconjunto de la academia (digo “contradictoria” porque, bajo una visión pesimista, es más probable que aumenten las metodologías a que estas se unifiquen).

Tómese este documento como una inquietud de un ex tesista al que temas como estos significaron parte de un gran dolor de cabeza, propio del grato proceso.

[1] Laakso y Taagepera, ““Effective” Number of Parties: A Measure with Application to West Europe”. Comparative Political Studies, Vol. 12, No. 1. 1979.

[2]Carolina Garrido y Patricio Navia, “Candidatos fuertes en la concertación ¿seguro para subcampeones o prevalencia de los dos tercios?”. Estudios Públicos, 99 (invierno 2005).

[3] Samuel Toro, Mauricio Morales y Rafael Piñeiro, “El efecto de las leyes electorales sobre la fragmentación partidaria en Chile, 1999-2008. Voto estratégico, barreras de entrada e información” Revista Política y Gobierno, Volumen XVIII, n. 2. 2011.

[4] Andrés Hernando y Javier Sajuria, “La belleza está en el ojo del que mira. O por qué esta elección no fue ni más ni menos proporcional que la anterior, pero sí más representativa”.

http://lasituacion.cl/2017/11/22/la-belleza-esta-en-el-ojo-del-que-mira-o-por-que-esta-eleccion-no-fue-ni-mas-ni-menos-proporcional-que-la-anterior-pero-si-mas-representativa/