La baja competitividad de los equipos chilenos.

¿Por qué los equipos del fútbol chileno exhiben resultados tan pobres en campeonatos internacionales? En esta entrada ensayamos una respuesta basada en el diseño institucional del campeonato y cómo las decisiones individuales y grupales afectan a los resultados de los participantes.

Desde hace algún tiempo los equipos chilenos que participan en competencias internacionales (Copa Libertadores de América y Copa Sudamericana, fundamentalmente) rara vez logran superar las primeras etapas de las competencia, cosechan humillantes derrotas ante rivales a los que en el pasado se les solía ganar o, al menos, se les hacía partido y, en general, solo acumulan frustraciones en su paso por canchas internacionales.

¿Qué puede explicar esta aparente involución relativa de nuestro nivel deportivo? Una posible causa podemos buscarla en la institucionalidad que rige al campeonato interno así como en el equilibrio que los clubes han alcanzado.

La producción de competencias deportivas es una actividad compleja. Los clubes compiten entre sí pero, al mismo tiempo, se necesitan mutuamente. De hecho, es imposible producir un partido sin contar con la colaboración del rival, al menos, en el sentido de presentarse en la misma cancha, en el mismo horario y respetar (o sujetarse a) las mismas reglas del juego que el organizador del enfrentamiento. Por ello, es necesario que exista una liga que coordine el campeonato y a todos los clubes que participan en él.

Los clubes, en forma independiente, toman decisiones que afectan los resultados tanto propios como los de los otros participantes en el campeonato. Obviamente, un equipo que invierte más en su plantel, cuerpo técnico, equipo médico, instalaciones, etc. lo hace intentando aumentar sus probabilidades de ganar partidos y el campeonato (o de evitar el descenso) al mismo tiempo que reduce las probabilidades de éxito de sus rivales (es más difícil ganarle a un club que cuenta con un mejor plantel). Esto, por supuesto, debiera aumentar el interés (en término de asistencia al estadio, contratación de transmisiones y merchandising) por el equipo que aumenta su inversión.

Por otra parte, hay dos factores en la demanda que dependen de las decisiones conjuntas de todos los clubes y que también afectan al interés por los enfrentamientos individuales y, por consiguiente, la cantidad de recursos generados por la liga: el primero, tiene que ver con la competitividad interna del campeonato. En general, un campeonato más competitivo, donde varios equipos tienen posibilidades de obtener buenos resultados por lo que es difícil predecir el resultado de un partido cualquiera, es más atractivo. El segundo dice relación con el nivel de talento deportivo total en la liga. Todos conocemos ligas que no son precisamente difíciles de predecir en el global (por ejemplo, pocos equipos tienen realmente la posibilidad de campeonar en ligas como la española, francesa o alemana) y, sin embargo, resultan muy atractivas por la cantidad de jugadores talentosos que acumulan. Todos quieren ver la próxima genialidad de Messi o el próximo despliegue de talento de Neymar, aún sabiendo que es difícil que sus equipos no ganen.

Obviamente, la cantidad de talento total en la liga es un buen descriptor de la competitividad externa de la liga. Casi cualquiera de los primeros 6 equipos de la liga española será un rival complicado en un campeonato internacional. Esto debido a que esos equipos acumulan muchos jugadores talentosos incluso si, internamente, su campeonato no es tan competitivo.

Ahora bien, dado este escenario de complejas interrelaciones, es fácil ver que un campeonato se puede hacer muy atractivo internamente a la vez que se despotencia trágicamente en el ámbito externo. En efecto, dado que el atractivo interno de la liga depende de la relación entre los equipos que la conforman es fácil tener un campeonato muy competitivo que cualquier equipo pueda ganar si los equipos hacen todos pocas inversiones en talento.

Si algunos equipos no pueden gastar mucho, entonces también se puede acortar el campeonato a unas pocas fechas, sin la justicia deportiva del ida y vuelta, de modo que un “plantel corto” tenga alguna posibilidad real de ganarlo (poniendo en peligro el desempeño al campeonato siguiente, claro).

Los dos efectos anteriores pueden llevar a un equilibrio donde los clubes invierten poco, tienen un campeonato internamente atractivo pero con un producto final tan empobrecido que su competitividad internacional se ve fuertemente resentida.

Esto es lo que puede haber ocurrido en parte con el fútbol chileno. A pesar de los recursos generados por la vía de la televisión (recursos que, además se distribuyen de modo que los clubes “chicos” no tienen realmente posibilidades de potenciar sus planteles para disputar en buena forma un campeonato más largo a los equipos más grandes), los planteles se han despotenciado y la competitividad externa ha caído. Tenemos un campeonato que es medianamente interesante y entretenido en la interna pero que, a pesar de las promesas de los dirigentes de “potenciarse para competir” está casi condenado al papelón internacional.

Nuestro campeonato se diseñó (consciente o inconscientemente) para que fuera así y va a costar un tiempo (y notable esfuerzo) revertir esta tendencia porque los incentivos, las instituciones y la calidad de las reglas con las que se compite importan. Y mucho.