Gasto de bolsillo en salud

Existen ciertos gastos poco prevenibles (presencia de adultos mayores en el hogar), algunos que podrían ser prevenibles (gasto en medicamentos asociado a enfermedades prevenibles y servicios dentales), y otros que podrían ser subsidiados o contenidos dentro de los planes de salud (como medicamentos frecuentes y que son indispensables para determinados grupos).

La salud es un tema complejo que tiene muchas aristas. El estado de salud depende de múltiples factores que van desde el medio ambiente en qué vivimos hasta los tratamientos que recibimos cuando nos enfermamos, pasando por nuestro autocuidado y prevención. La atención en salud se divide en primaria (consultas generales), secundaria (consultas de especialidad) y terciaria (hospitalizaciones, cirugías). Y así se puede seguir desagregando.

Algo que sí sabemos con bastante claridad, es que la salud es una preocupación importante para los chilenos, puesto que es mencionada constantemente como una prioridad en diversas encuestas. Pero ¿qué preocupa a los chilenos de ella  ? y ¿por qué? El año pasado indagamos en estas temáticas en una de las encuestas realizadas en el CEP y los resultados indicaron, entre otros, que un gran motivo de preocupación es la cobertura financiera en salud. Es decir, el miedo a no poder pagar un gasto alto en salud, o que al pagarlo, se genere un problema financiero en las familias.

Pero ¿por qué ocurre esto si en Chile el 97% de las personas cuenta con protección en salud, ya sea Fonasa, isapres o pertenece a las FF.AA.? Porque la cobertura tiene diferentes dimensiones. Según se muestra en el gráfico siguiente, una de ellas es cuánta gente tiene algún grado de protección y en eso Chile anda bastante bien, aunque no tan bien como el promedio de países de la OCDE. Otra dimensión se refiere a los servicios que son cubiertos, es decir, si bien los aseguradores o esquemas de previsión cubren algunas prestaciones, hay otras que quedan fuera. Una tercera dimensión, a la proporción del costo total de los servicios que es cubierta por el seguro o esquema previsional, donde el resto del costo de las prestaciones debe ser cubierto por las personas, aporte conocido como “co-pago”.

Fuente: Organización Mundial de la Salud.

 

La suma del gasto que realizan las personas en tratamientos, exámenes y servicios no cubiertos por los seguros de salud o esquemas previsionales, el co-pago que requieren las prestaciones que sí son cubiertas y el gasto en salud que realizan quienes no cuentan con protección en salud corresponde al “gasto de bolsillo”. Es decir, a todo el gasto que realizan las personas en salud y que no son cubiertos por los seguros o esquemas previsionales. Al comparar la proporción del gasto total en salud que corresponde a gasto de bolsillo con otros países, se entiende entonces por qué existe un temor de las personas a no poder financiar un gasto derivado de salud. Según se aprecia en el gráfico siguiente, Chile es uno de los países donde el gasto en salud recae en las personas en mayor proporción en relación con otros países desarrollados (gasto de bolsillo o “out of pocket” es de 32% en Chile en comparación con 20% para el promedio de los países de la OCDE).

 

Fuente: Health at a Glance 2017, Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos.

 

En el trabajo Radiografía del gasto de bolsillo en salud en Chile: una mirada desagregada se analiza el destino del gasto de bolsillo en salud en los hogares, analizando a quienes más gastan en salud y el nivel de concentración de dicho gasto, con datos del año 2012 del Instituto Nacional de Estadísticas.

La información indica que el gasto de bolsillo en salud (GBS) representa en promedio un 5,2% del gasto total de los hogares (GTH), que correspondía a 18.122 pesos mensuales por persona en 2012. Es interesante notar que esta proporción (GBS/GTH) aumenta en las familias de mayores recursos y es mayor para aquellas donde el jefe de hogar está adscrito a una isapre o pertenece a las FF.AA. en comparación con los que lo están a Fonasa (ver tabla siguiente).

 

Quintil de ingresos GBS/GTH (%) Tipo de previsión en salud GBS/GTH (%)
1 4,0 Fonasa 4,7
2 4,4 Isapre 6,8*
3 4,9* FF.AA. 7,8*
4 5,9* Otro 2,8
5 6,6*

Fuente: Bruzzo, Henríquez y Velasco (2017).

 

Asimismo, y como es de esperar, esta proporción (GBS/GTH) aumenta cuando los hogares tienen una mayor presencia de adultos mayores, puesto que éstos generan más gastos, dado que su estado de salud está más deteriorado. La tabla siguiente indica que cuando el promedio de edad del hogar es de 15-25 años, la proporción GBS/GTH es de 3,7%, cifra que sube a 9,9% cuando el promedio es de 75 años o más. Lo mismo ocurre cuando la proporción de adultos mayores (de 60 años o de 75 años) presentes en el hogar aumenta (ver tabla siguiente).

 

Promedio etario GBS/GTH

(%)

  Porcentaje de personas GBS/GTH (%)
60 años y más 75 años y más Mujeres
15-25 años 3,7 0-24 4,3 4,7 3,5
26-35 años 4,5* 25- 49 5,5* 7,3* 4,4*
36-45 años 4,9* 50 -74 6,7* 9,9* 5,4*
46-60 años 5,7* 75 y más 8,5* 9,8* 6,2*
61-74 años 7,9*
75 o más años 9,9*

Fuente: Bruzzo, Henríquez y Velasco (2017).

 

El trabajo también se refiere al destino del gasto de bolsillo en salud, indicando que la mayor proporción se va en medicamentos (38%), seguido de consultas médicas (19,8%), exámenes de laboratorio y de rayos (11,8%) y servicios dentales (9,3%), como se muestra en la tabla siguiente. Más importante aún, es que la proporción destinada a medicamentos aumenta en los hogares de menores recursos y en aquellos con mayor presencia de adultos mayores. Por ejemplo, la proporción destinada a medicamentos es 47,3% en los hogares compuestos por 75% o más de adultos mayores de 60 años, es decir, destinan casi la mitad de todo el gasto de salud a este ítem. Por su parte, en los hogares más pobres (primer quintil de ingresos) esta cifra es de 44,5%, monto que baja a 33% en los de mayores ingresos (quinto quintil).

 

Ítem de gasto en salud Promedio 
Medicamentos 38%
Consultas médicas 19,8%
Servicios de laboratorio y rayos 11,8%
Servicios dentales 9,3%
Artículos ópticos 7,8%
Servicios de hospitalización 5,2%
Otros productos 2,9%
Servicios quirúrgicos y procedimientos ambulatorios 2,6%
Insumos médicos 2,0%
Artículos ortopédicos y terapéuticos 0,3%
Servicios de emergencia móvil 0,2%
Total 100%

Fuente: Bruzzo, Henríquez y Velasco (2017).

Finalmente, se destaca que el gasto en salud se encuentra concentrado en algunos hogares. Así, el 20% que más gasta concentra el 80% del gasto y el 10% que más gasta el 61%. Hay un veinte por ciento de hogares que destinan más de 10% de su gasto total a salud, los que se caracterizan por tener en promedio mayor capacidad financiera, una mayor proporción de sus jefes de hogar está adscrito a una isapre y componerse en mayor medida por mujeres y adultos mayores que el resto de los hogares. Pero también se encuentran hogares de baja capacidad financiera en este grupo, hogares de bajo gasto total —y probablemente también de bajos ingresos—, que están destinando gran parte de su gasto total a salud. Ello se aprecia también en que una proporción entre 3,7 y 2,4% de dichos hogares son pobres.

 

El gasto en salud se transforma en un gasto catastrófico para el 4,1% de los hogares, para quienes el desembolso en salud representa en promedio 35,1% de sus gastos totales, casi 10 veces más que para los hogares sin gasto catastrófico (3,9%) y que el promedio (5,2%). Adicionalmente, estos hogares son más añosos (51 y 38,5 años, respectivamente) y, por consiguiente, se componen en mayor proporción por adultos mayores que el resto (45,4 y 20,9%, respectivamente). Asimismo, tienen una mayor proporción de mujeres (60 y 53,4%, respectivamente). Sin embargo, se observa que los ingresos de estos hogares no difieren en relación con el resto de los hogares, indicando que el gasto en salud se puede volver catastrófico indistintamente de la capacidad financiera de los hogares, exponiéndolos de manera transversal a este riesgo. Lo que sí difiere en relación al resto de los hogares es que la proporción destinada a servicios hospitalarios, quirúrgicos y otros procedimientos es más relevante para quienes tienen gasto catastrófico, es decir, es más probable para los hogares llegar a esta situación debido a hospitalizaciones y cirugías que para el resto de los hogares.

En conclusión, la información que surge de este trabajo apunta a que, entre otros, existen ciertos gastos poco prevenibles (presencia de adultos mayores en el hogar), algunos que podrían ser prevenibles (gasto en medicamentos asociado a enfermedades prevenibles y servicios dentales), y otros que podrían ser subsidiados o contenidos dentro de los planes de salud (como medicamentos frecuentes y que son indispensables para determinados grupos). Asimismo, es posible concluir que los seguros y coberturas catastróficas incluidas en los esquemas previsionales no están siendo efectivas para todos los hogares chilenos. También se puede utilizar la información de este trabajo para focalizar los esfuerzos que apunten a aliviar la carga en salud en aquellos hogares más afectados. Lo anterior permite entonces diseñar estrategias acordes con los objetivos y estimar de mejor manera el potencial impacto a esperar de cada una de ellas.