Una forma de acercar las élites a la población

Un libro reciente escrito por Hans Rosling sugiere una forma: análisis de datos. A través de él, se pueden evitar los sesgos, propios de los humanos, que tienden a generar una imagen negativa acerca de cómo vive el resto de la población mundial y del progreso alcanzado. Un concepto clave en el libro es “se puede estar mal, pero mejor a la vez”. Lectura recomendada para las élites en Chile.

Por estos días se escucha con frecuencia el alejamiento de las élites con respecto a la población general. Por ejemplo, se menciona cuando las autoridades públicas financian gastos personales con fondos públicos u obtienen beneficios no relacionados con un mejor desempeño de sus funciones. En círculos académicos, el tema se discute asociado a la caída de la confianza en las instituciones (e.g. Beyer 2016, PNUD 2015) y a la falta de cohesión social en nuestra sociedad (e.g. Siles 2018 en Estudios Públicos), por mencionar algunos.

Pero hay un argumento que me preocupa más acerca de este distanciamiento: la relativa ignorancia sobre cómo vive la población. Claro, personas pertenecientes a la élite dirán que mientras el resto de su grupo desconoce cómo vive la ciudadanía, ellos sí lo saben, apelando casi siempre a la casuística (i.e. “la gente en la calle me dice que…”). Además, si a ello sumamos que los individuos tienen una tendencia a la homofilia, esto es, a relacionarse con individuos similares a sí mismos, entonces una creencia que se asume como verdadera para el grupo social más cercano recibe constantes refuerzos por medio de la redundancia de la información que circula a través de él y termina, de este modo, proyectándose hacia el colectivo. De esta forma, la élite puede terminar percibiendo imágenes muy distorsionadas del resto de la población (para ser justos, este argumento también aplica para el resto de la población, en el sentido que tiene visiones muy distorsionadas de cómo vive la élite).

Este argumento es más preocupante cuando se trata de la élite gobernante, ya que estas imágenes distorsionadas acerca de cómo vive la población pueden estar presentes al momento de tomar decisiones que nos afectan a todos. Por supuesto, las decisiones no serán adecuadas si están basadas en percepciones erróneas.

Habitualmente, estas imágenes son negativas, pues claro, la gente promedio no recibe el mismo ingreso que las élites, por lo tanto, éstas se preguntan: ¿cómo se puede vivir bien con ingresos tan bajos? (asumiendo que “bien” se refiere al estilo de vida que ellos mismos llevan) ¿Estoy exagerando? No, de acuerdo a los resultados del Informe de la Encuesta CEP 2016, ¿Malestar en Chile? En el Capítulo 1 de ese Informe, vemos que a mayor nivel socioeconómico y nivel educativo, mayor insatisfacción percibida para el resto de la población. Nuevamente, para ser justos, el resto de la población también tiene imágenes negativas sobre la élite gobernante, en particular, la califica mayoritariamente como corrupta (ver aquí).

¿Qué hacer para acercar las élites a la población? Una respuesta se puede encontrar en el libro que leí recientemente “Factfulness: Ten Reasons We’re Wrong About the World—and Why Things Are Better Than You Think”, escrito por Hans Rosling y terminado por su hijo Ola y su nuera Anna (Hans falleció en el proceso de redacción del libro, pero como se menciona en el mismo texto, pudo revisar los capítulos del mismo incluso cuando iba en la ambulancia camino al hospital). A través de su experiencia como especialista en salud mundial, Rosling describe, en un modo muy ameno y complementado con vivencias personales, cómo los especialistas en diversas disciplinas tienen visiones muy distorsionadas de la situación económica y social del mundo y expone en detalle los diez “instintos” (i.e. sesgos) que explican tales distorsiones y cómo ellos se pueden superar viendo el mundo a través de los datos.

Rosling aplicó una encuesta en varios países y en varias audiencias (entre ellas, a los connotados asistentes al Foro Económico Mundial, periodistas, realizadores de documentales), compuesta de preguntas cerradas (i.e. con un listado de alternativas posibles), acerca del estado del mundo en desarrollo en muchas áreas, tales como, el porcentaje de mujeres con educación, de población con acceso a la electricidad, de cobertura de necesidades básicas, de vacunación contra ciertas enfermedades, etc. En cada caso, los encuestados tenían imágenes muy negativas acerca del mundo en desarrollo, respondiendo que los porcentajes eran muy bajos. De hecho, sus respuestas eran peores que el azar y mientras más educada la audiencia, peor era la imagen acerca del estado de las cosas en el mundo. Las respuestas a las preguntas de las encuestas están al final del libro (lamentablemente no fue aplicada en Chile).

El libro argumenta que estas percepciones son producto de diez instintos, entre los cuales destaco los siguientes. Primero, existe una tendencia a clasificar a la población en dos categorías (i.e. “ricos” y “pobres”), que no ayuda a entender a la población como un todo, ya que ella tiende a concentrarse al medio. Segundo, las noticias tienden a tener un tono negativo, así que no son del todo útiles para comprender el mundo. Tercero, en discusiones, a menudo, se hacen proyecciones lineales acerca de un dato como si nada fuera a cambiar. Rosling recomienda evitarlo. Cuarto, a menudo los hechos se presentan sin una adecuada perspectiva, ni histórica ni cuantitativa. La recomendación es analizar las cifras en perspectiva. Quinto, los cambios positivos a menudo ocurren lentamente y por eso, no llegan a los titulares de las noticias. El texto recomienda considerar este elemento para tener una adecuada descripción del mundo.

Cuando las cosas se analizan en perspectiva, con datos y en ausencia de clasificaciones y proyecciones reduccionistas, el progreso queda en evidencia. A partir de esto, surge la que, a mi juicio, es la idea más importante del libro: reconocer que hay cosas que están mal en el mundo, pero que muchas cosas están mejorando al mismo tiempo. Es decir, se puede estar mal y mejor a la vez, porque, como decía en el párrafo anterior, el progreso tiende a ser paulatino y no recoge titulares en los medios masivos, como sí lo hacen las cifras negativas. Esta distinción es crucial para los tomadores de decisiones, quienes pueden desear un cambio de ciertas políticas a partir de las malas cifras todavía existentes, sin reconocer el progreso logrado por esas mismas políticas.

Finalmente, el libro recomienda una serie de prácticas para los niños, pero que creo que serían útiles para todas las personas, más aún para las élites que les preocupa entender el Chile contemporáneo. Hay países en todos los niveles de salud e ingreso y la mayoría se encuentra en el centro. Es importante conocer la situación socioeconómica del propio país y su relación respecto de otros. Conocer cómo el país llegó a la situación actual, para que la gente no tenga la creencia equivocada de ausencia de progreso y para entender mejor el estado vigente de las cosas y los desafíos de otras naciones. Aprender a consumir noticias para evitar reacciones negativas ante el estado de las cosas, que no ayudan a comprender mejor el mundo, como el estrés y la desesperanza. Dado que el mundo cambia, adquirir nuevo conocimiento y estar al tanto de las cifras más recientes.

Así como los especialistas y la población general encuestada por Rosling, la élite chilena tiene una imagen negativa de cómo vive el resto de la población. Para acercar las élites a la población, parece necesario que ellas analicen los datos socioeconómicos que caracterizan a los chilenos. De esta forma, podrían evitar que los instintos que menciona Rosling dominen su juicio e influyan sobre las políticas que nos afectan a todos.