Una torta en la Corte Suprema Americana 2: la decisión

La Corte Suprema de Estados Unidos acaba de decidir a favor del pastelero que se negó a proveer una torta de bodas para una pareja homosexual, debido a sus creencias religiosas. El razonamiento estuvo centrado en la falta de imparcialidad que demostraron las instituciones administrativas al momento de tramitar las denuncias iniciales contra el pastelero, algo que puede ser atingente a nuestra contingencia en Chile en los llamados “temas valóricos”.

La Corte Suprema de Estados Unidos acaba de decidir por 7 votos contra 2, el caso Masterpiece Cakeshop Ltd v Colorado Civil Rights Commission, respecto de la denegación de proveer una torta de bodas para una pareja homosexual por parte de un pastelero cuyas creencias religiosas se oponen al matrimonio igualitario. Cuando llegó a la Corte, la discusión se centró en si debía considerarse este tipo de torta como una creación artística protegida por la primera enmienda (libertad de expresión) o si había existido discriminación en base a orientación sexual.

Sin embargo, en su decisión la Corte Suprema decidió basarse en la libertad religiosa (primera enmienda). Fallando a favor del pastelero, el razonamiento se centró en la falta de imparcialidad que demostraron las instituciones administrativas al momento de tramitar las denuncias iniciales contra el pastelero. Como se señala, si bien el estado de Colorado puede, y en ocasiones debe, proteger a las personas y parejas homosexuales en el ejercicio de sus derechos civiles, las objeciones religiosas y filosóficas también tienen que ser protegidas.

Por lo tanto, la Corte Suprema estimó que durante la tramitación del caso, especialmente durante sus etapas iniciales en sede administrativa, no se respetó el derecho del pastelero a una consideración respetuosa y neutral de sus argumentos. Por ejemplo, el que algunos comisionados de la Comisión de Derechos Civiles de Colorado se refirieran a lo planteado por el pastelero con comentarios derogatorios (asociando la libertad religiosa con la justificación de la esclavitud y del holocausto), terminó por vulnerar la obligación de instituciones públicas de no basar su regulación en contra de creencias religiosas. La neutralidad religiosa exigida, señala la Corte, implica por tanto no actuar con hostilidad hacia alguna religión.

En cualquier caso, la decisión explícitamente señala que no crea precedente ni modifica los principios generales sobre no discriminación en base a orientación sexual. Por lo mismo no sería extraño que casos similares llegaran nuevamente a la Corte. Especialmente por eventuales conflictos que se generen en base a la libertad de expresión, ámbito en que la Corte Suprema eludió entrar, salvo por una mención a que nuevos casos permitirán ahondar en el significado de estos derechos en nuevos contextos.

El razonamiento de la decisión puede ser atingente a nuestra contingencia. La reciente decisión de la Suprema Norteamericana es un buen llamado de atención en tiempos en que los llamados “temas valóricos” desatan pasiones. Independiente de que las causas valóricas que se plantean sean justas, las instituciones públicas no pueden comprometer su actuar, convirtiéndose en promotores de ciertas agendas, menoscabando en el camino los derechos de aquellos que piensan distinto.

 

Para opiniones de juristas chilenos en torno a este fallo ver: http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2018-06-09&dtB=09-06-2018%200:00:00&PaginaId=14&bodyid=3