Chile, ¿país secular?

Esta entrada intenta responder esta pregunta, analizando la evolución de varios indicadores obtenidos de las encuestas que el CEP ha aplicado desde 1990 y poniendo las cifras de nuestro país en contexto comparado.

Durante los últimos 27 años, Chile ha experimentado un cambio religioso importante. Uno de los aspectos centrales de tal cambio es el declive de la población identificada con la religión católica. De acuerdo a datos de las encuestas nacionales del CEP, la fracción de los chilenos identificada con el catolicismo pasó de 73 a 59 por ciento entre 1990 y 2017. Tal descenso no ha sido uniforme. Según las cifras de nuestros estudios de opinión, hubo una caída de 6 puntos porcentuales entre 1990 y 2012 y 8 puntos porcentuales durante los últimos seis años.

Aparte del declive de la identificación con la religión católica, también se registraron otros fenómenos interesantes en el mismo lapso. Entre 1990 y 2017, la proporción de evangélicos pasó de un 15 a un 17 por ciento, aproximadamente.

Por otra parte, las personas que no declaran denominación religiosa han crecido a tasas muy altas en los últimos 27 años: en 1990 sólo un 7 por ciento no se identificaba con alguna opción religiosa, mientras que en 2017 esta cifra alcanzaba un 22 por ciento (la cifra incluye a quienes se declaran agnósticos y ateos, los que habitualmente no superan el 2 por ciento de los encuestados en total). Este incremento tampoco ha sido uniforme. Entre 1990 y 2007 este grupo creció apenas 4 puntos porcentuales, pero aumentó en 11 puntos durante los últimos diez años.

En contexto comparado, utilizando los datos que el CEP ha recopilado en el marco del International Social Survey Programme (ISSP) —organización internacional de encuestas sociales integrada por 44 países de los cinco continentes en la actualidad— se puede observar que Chile es una de las naciones con el porcentaje de desafiliación religiosa más bajo del grupo que participa en este programa durante el 2016. El 22 por ciento de nuestro país es similar al 21 por ciento de Estados Unidos y al 24 por ciento de España, superior a lo observado en Hungría (17 por ciento), Lituania (13 por ciento), Croacia (10 por ciento) y Filipinas (1 por ciento), por nombrar algunos, pero inferior a lo que muestran países como el Reino Unido (52 por ciento), Nueva Zelanda (46 por ciento), Francia (45 por ciento), Alemania (42 por ciento) y Suecia (29 por ciento).

El aumento del grupo que no declara denominación religiosa en Chile no significa necesariamente que se haya debilitado la creencia en Dios. Ya decía que el porcentaje de ateos y agnósticos que pertenecen a este grupo es muy bajo. Por otro lado, casi un 58 por ciento de aquellos que no declaraban afiliación en 1998 (7 por ciento) sostenía creer en Dios. Es más, la mayoría de ese grupo afirmaba que siempre ha creído. En 2008, cuando los desafiliados religiosos alcanzaban un 11 por ciento, un 59 por ciento dijo creer en Dios. En otras palabras, a pesar de que hay más personas que no se identifican con alguna religión, la mayoría de ese grupo sigue creyendo en Dios.

Como cabría de esperar, entre quienes sí declaran denominación, esta creencia superaba el 90 por ciento, tanto en 1998 como en 2008. Bajo esa perspectiva, entonces, se podría afirmar que la creencia en Dios es muy extendida en Chile, inclusive en el grupo que no se identifica con alguna religión. Datos más recientes de la encuesta Bicentenario de la PUC muestran una caída del porcentaje de la población que dice creer en Dios, aunque poco más de tres cuartas partes de la población declaran seguir creyendo, al igual que la mitad de quienes componen el grupo de desafiliados.

En contexto comparado, utilizando los datos que el CEP ha recopilado con ISSP en 2008, se puede observar que Chile es una de las naciones del mundo donde la creencia en Dios está más extendida, superado por Turquía, Venezuela, República Dominicana y Filipinas solamente. En esta materia, nuestro país se ubica por encima de México, Polonia, Estados Unidos e Italia, países que tradicionalmente se consideran como religiosos. De este mismo modo, casi todas las naciones europeas aparecen por debajo de la nuestra en este aspecto.

Por otra parte, el promedio de asistencia a servicios religiosos (excluyendo bodas y funerales) ha caído durante la última década en Chile, tanto en el grupo que declara denominación religiosa como aquel que no (puede parecer raro, pero hay un 13 por ciento de desafiliados que asiste a la Iglesia con alguna frecuencia). En contexto comparado, utilizando los datos que el CEP ha recopilado con ISSP en 2016, el promedio de asistencia de nuestro país es más bajo que lo observado en naciones religiosas como Filipinas, Venezuela, Estados Unidos, Croacia y Lituania, y a pesar del descenso en los diez años anteriores, aparece por encima de países menos religiosos como el Reino Unido, Nueva Zelanda, Francia, Alemania y Suecia.

En suma, Chile muestra tímidos signos de secularización en la última década, tales como la duplicación de quienes no declaran denominación religiosa, el declive en la asistencia a los servicios religiosos y el retroceso en la creencia en Dios. No obstante, en contexto comparado, Chile no parece un país secular toda vez que, a la luz de los indicadores aquí revisados, se ubica dentro del grupo de los más religiosos. Más aún, la ampliamente extendida creencia en Dios, incluso mayoritaria en el grupo sin afiliación religiosa, indica que no se trataría de un fenómeno antirreligioso o secular. Más bien, parece ser que los factores tras los cambios expuestos no yacen en las creencias. Quizás habría que poner luz en aspectos tales como el recambio generacional, la transmisión intergeneracional de la fe y las percepciones de las personas sobre las Iglesias, como posibles factores explicativos de las tendencias aquí analizadas. Será tarea para el futuro.