Reconciliando la razón y la espiritualidad

La expansión reciente del grupo de personas que no declara denominación religiosa en Chile no implica necesariamente ausencia de espiritualidad. De hecho, poco más de la mitad de este grupo sostiene seguir creyendo en Dios. ¿Se puede ser espiritual sin una religión? A la luz de sus experiencias y una reflexión científica en torno a ellas, el neurocientista Sam Harris intenta responder esta pregunta en su libro “Waking Up: A Guide to Spirituality Without Religion”.

Esta entrada fue escrita en conjunto con Javiera Slater.

La visita del Papa Francisco a nuestro país el pasado enero causó controversia entre la población. Aun cuando el catolicismo mantiene su predominancia dentro de la sociedad chilena y cuando otras religiones ocupan un significativo porcentaje dentro de las opciones de denominación religiosa, hemos observado, sobre todo durante la última década, la expansión de un grupo de personas que no se identifica con ninguna de ellas, que asiste cada vez menos a los servicios religiosos, pero que mayoritariamente no ha perdido la fe (ver cifras aquí).

Muchos tienden a pensar que la secularización va de la mano con una sociedad más individualista, con una menor satisfacción y felicidad al perder el sentido de la vida. Sin embargo, esto no es necesariamente correcto: religión y espiritualidad pueden coexistir, por caminos paralelos, hacia la finalidad de lograr el bienestar en nuestra existencia. Es esta la premisa adoptada por Sam Harris en su libro “Waking Up: A Guide to Spirituality Without Religion”, cuyo propósito es dar a conocer su experiencia de búsqueda de significado y paz en el día a día, desde la perspectiva de un no creyente, por medio de la creación de un puente entre ciencia y espiritualidad; aproximación que resulta natural para él al contar con un PhD en Neurociencia Cognitiva en UCLA.

En este libro, el autor comparte con sus lectores un primer atisbo de las increíbles capacidades de la mente humana y de la posibilidad de lograr un cambio en la percepción de conciencia al describir su experiencia con una droga psicodélica durante su adolescencia, naciendo de esta manera su interés espiritual. Enfatiza el hecho de que todo cuanto hacemos y vivenciamos está coloreado por nuestra mente, que es aquello que pensamos de cada experiencia lo que determina las emociones que nos causan. Propone que todas nuestras metas tienen la misma finalidad, relajarnos y permitirnos disfrutar de nuestra vida en el presente, lograr un estado de conciencia que valoramos. Entiende así que es el tipo de atención que prestamos al presente lo que determina nuestra calidad de vida. Plantea desde esta base una espiritualidad no basada en la fe sino en el trascender los límites del ego, el buscar la paz con el mundo sin tener como finalidad el sentir placer o evitar dolor; el descubrir una fuente más profunda de bienestar.

Partiendo desde una base científica explica con detalle los misterios de la conciencia. Se sumerge en la estructura y funcionamiento cerebral, en aquello que se ha llegado a conocer del consciente e inconsciente, de la realidad científica de una posible división de puntos de vista dentro de un mismo cerebro al considerar sus hemisferios por separado. Cuestiona el “yo” presentando evidencia empírica que lo refuta, explicando que la sensación de ser un ente unificado es ficción producida por una multitud de procesos y estructuras separadas de las cuales no tenemos conciencia ni control. Así también nos presenta la meditación como una herramienta esencial en el camino espiritual, destacando el mindfulness como la rama más fácil y cercana para aquellos que no cuenten con experiencia previa en su práctica. Su finalidad: lograr separarse de los pensamientos, entender que ellos no somos nosotros, reconocer su in-permanencia, analizar el contenido de la conciencia de forma desapasionada al saber que no nos define. El propósito no es pensar con mayor claridad, sino experienciar con mayor claridad, sin intentar atrapar lo placentero o huir de lo que no lo es.

Finalmente nos hace ver que para adentrarnos en las prácticas espirituales no debemos necesariamente concordar con todo lo que nos presenta cada religión. Nos hace ver que entre los gurús hay muchos fraudes, que abusan del poder conferido por los fieles y nos advierte de la extrema dependencia que se puede generar en ellos (entre otros casos, cita la historia de Osho que, por estos días, es relatada en la popular docu-serie de Netflix “Wild Wild Country”). Sin embargo, existen unos pocos de quienes vale la pena aprender, teniendo siempre en consideración que siguen siendo humanos e imperfectos. Nos recuerda que las experiencias cercanas a la muerte se juzgan siempre desde las propias sensaciones sin una base científica para sostenerlas. Destaca que las drogas no garantizan el logro de un alejamiento del ego, ya que la libertad del “yo” solo se puede dar en estados normales de percepción y cognición.

La creencia que el autor nos plantea es que la espiritualidad sin fe no busca responder al sentido de la vida o a nuestro propósito en la tierra. Al no tener mayor certeza que la vida que vivimos en este momento, debemos crear las condiciones para florecer en ella. En particular nos recuerda que:

 “It is always now…we spent most of our lives forgetting this truth…And the horror is that we succeed. We manage to avoid being happy while struggling to become happy” (pg.34, énfasis original)

[Siempre es ahora… pasamos la mayor parte de nuestras vidas olvidando esta verdad… y lo terrible es que lo logramos. Nos las arreglamos para evitar ser felices mientras luchamos por llegar a ser felices].

Contrario a lo que su subtítulo afirma, este libro no representa una guía hacia la espiritualidad sin religión. Es más bien un recuento de experiencias y una reflexión científica en torno a ellas. Sin embargo, logra convencernos de que esta frase no resulta necesariamente ser un oxímoron. Su lectura resulta así útil no solo para aquellas personas que buscan un camino espiritual propio, alejado de las prácticas religiosas convencionales, sino también para aquellos que no logran comprender que realmente pueda existir la espiritualidad sin la religión.