Legado keynesiano

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La atención que concentra el actual liberalismo ensombrece la herencia del pensamiento económico de épocas pasadas, y en particular, del inmediatamente anterior: el keynesianismo. Dentro del legado keynesiano internacional se encuentra una rama de la economía y organizaciones internacionales. A nivel nacional encontramos una carrera universitaria y varias instituciones relevantes del país.

En el Chile actual, aquellos ligados a la economía y a la política pública, son muy conscientes de la influencia que ejercieron las ideas de Hayek, y principalmente de Friedman, en el devenir económico actual del país. Se ha escrito y hablado mucho sobre los Chicago Boys, e incluso hace poco, se hizo un documental donde ellos mismos expusieron su opinión respecto de las diversas reformas en las que participaron.

Todas estas atenciones dirigidas al liberalismo económico chileno, han ensombrecido la herencia del pensamiento económico predominante de épocas pasadas, y en particular, del inmediatamente anterior: el keynesianismo.

Y es que el pensamiento económico de John Maynard Keynes fue muy influyente en el mundo entre las décadas de 1930 y 1970. El economista británico difundió una visión de la economía como un ente mecánico, que funcionaba bajo una lógica determinada y era controlable a través de diversos mecanismos, siendo los principales la política fiscal y monetaria. Lo anterior era fascinante en términos teóricos y políticos, ya que las autoridades siempre tenían algo que hacer en situaciones de crisis.

Estas ideas daban un rol ejecutivo a los economistas, hasta entonces mayormente dedicados a la filosofía moral y al análisis microeconómico, y fue ampliamente seductora en los intelectuales de la época. Tanto fue así, que las ideas se condensaron en una nueva rama de la economía: la macroeconomía. Así, conceptos cotidianos del análisis económico como “Producto interno bruto” (PIB) o “Tasa de desempleo” son de inspiración keynesiana originados, entre otros, en el libro Teoría general del empleo, el interés y el dinero de 1936.

Sin embargo, el predominio definitivo del keynesianismo a nivel mundial se obtuvo en 1944, en la conferencia de Bretton Woods. Allí, inspirados por las ideas de Keynes, se crearon una serie de instituciones que monitorearían la macroeconomía de los países: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Desde ese momento, las ideas liberales tardarían varias décadas en volver a ser la corriente predominante en el pensamiento económico. El éxito llego a tal punto que en 1965, y con cierto aire de resignación, a Friedman se le acuñó célebre frase “We are all keynesians now”.

¿Pero y en Chile? Aquí la influencia keynesiana también se sintió fuerte, y sus ecos se ven hasta el día de hoy. Quizás el hecho más distintivo del keynesianismo en Chile es el título profesional que entregamos a nuestros economistas. Y es que las universidades chilenas no entregan el título de “economista”, sino que entregan el título de “ingeniero(a) comercial”. Esto, como relata el libro Economistas de la U: Una biografía 1934-2009 de Trinidad Zaldívar, se debió a que el comité de la Universidad de Chile, encargado de definir el título de la carrera de aquellos que estudiaran economía y administración, optó por dicho título consciente de que la carrera no calzaba con la definición etimológica de ingeniero. Entre los miembros de dicho comité se encontraba Pedro Aguirre Cerda, quién había sido fuertemente influido por ideas keynesianas, y que en un viaje a la Universidad Libre de Bruselas vio que allí se entregaba el título de “ingeniero comercial” a los egresados de economía y administración.

Como menciona Zaldívar, a Aguirre Cerda la idea de la economía mecánica le hacía mucho sentido. La idea era formar “ingenieros” que operasen los “mecanismos” de la economía, y que ajustarán sus “engranajes” para obtener los resultados deseados. Con ello, también se dejaba de lado la idea de que estos profesionales incursionaran en las áreas de la filosofía moral y la discusión de economía política, lo que llevo (junto al proceso mundial que se vivió) a separar la economía de las demás ciencias sociales. Esto, provocó un debate sobre la formación económica que perdura hasta el día de hoy.

Según documenta Zaldívar, entregar el título de ingenieros a personas que no estudiaban ciencias físicas generó polémica en el colegio de ingenieros. Sin embargo, tras la aprobación del mismo título profesional para los egresados de economía y administración de la Universidad Católica, la carrera keynesiana logró su instalación en Chile, y hoy incluso se puede ver como una de las carreras de ingeniería reconocidas por el colegio de ingenieros.

Sin embargo, las ideas keynesianas en Chile no se tradujeron “solo” en una carrera universitaria, sino también en una serie de instituciones. Algunas que destacan son el Departamento de Economía de la Universidad de Chile, la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) y su departamento de estudios (que posteriormente fue Odeplan, actual MDS), el Banco Estado y el Departamento de Estudios del Ministerio de Hacienda.

Así, Chile no fue ajeno tampoco al pensamiento de Keynes, su predominio duró buena parte del siglo XX, al punto de parecer nunca acabar, y su legado se puede apreciar hasta el día de hoy. Esto lleva a compararlo con el liberalismo actual, y preguntarnos por cuánto tiempo más será predominante. En una época donde resurgen los nacionalismos y el comercio internacional se empieza a cerrar mediante aranceles, no es evidente el predominio del liberalismo. ¿Cuánto tiempo más el liberalismo económico será la corriente principal? Y cuando deje de serlo, ¿Cuál será el legado?