Plan Araucanía: reflexiones iniciales sobre las cuotas indígenas

Isabel Aninat en este artículo argumenta puntos de vista que se deben considerar a la hora de establecer mecanismos de cuotas como método de representación en el Congreso.

Hace diez años atrás, la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas recomendó en la publicación de su informe final establecer un mecanismo de representación de dichos pueblos en el Congreso. Hace cuatro años atrás, en medio de la reforma al sistema electoral, la Presidenta Bachelet anunció que su Gobierno avanzaría en establecer un mecanismo de representación política para los pueblos indígenas en el Congreso. El actual Gobierno acaba de comprometer, como parte del Plan Araucanía recién lanzado, la promoción de la participación política de los pueblos indígenas mediante una ley de cuotas y no, como se ha propuesto en otras ocasiones, mediante escaños reservados.

Los mecanismos de representación especial son excepcionales, lo que significa que no sólo deben superar cuestiones teóricas en cuanto a su justificación, sino también dificultades de su puesta en práctica. La propuesta de la ley de cuotas genera varias dudas. Por supuesto, una ley de cuotas es más fácil de implementar que los escaños reservados: no se requiere de un padrón diferenciado y se evita aumentar el número de parlamentarios (o reasignar los cupos actuales). Pero también se evitan discusiones sobre cuántos escaños asignar, si se deben cuotear internamente entre los pueblos reconocidos por ley o en cuál cámara debieran estar.

Sin embargo, la ley de cuotas tiene dificultades propias. La primera es que, a diferencia del caso de las mujeres y la ley de cuotas de género, los pueblos indígenas no constituyen una presencia transversal a nivel nacional ni en todos los distritos electorales. Ello dificultaría su efectividad. Además habría que resolver la interacción entre ambas leyes de cuotas y entre las cuotas y las elecciones primarias. Asimismo, dependiendo de la justificación que se otorgue para su establecimiento (¿la deuda histórica? ¿un déficit de representación?) cabe la pregunta de si sería un mecanismo de carácter temporal, tal como sucede con la ley de cuota de género, o permanente en el tiempo.

Pero la principal duda respecto de la ley de cuotas es si lo que se busca es aumentar la postulación de candidatos indígenas en las elecciones o asegurar su representación política efectiva. Porque si lo que se quiere lograr es lo segundo, entonces la ley de cuotas no es el camino adecuado. Primero, porque, a diferencia de los escaños, no asegura que los candidatos resulten electo, y por ende, la representación efectiva (a nivel comparado, el caso de Perú es ilustrativo). Segundo, porque los parlamentarios elegidos por ley de cuotas se deberán principalmente a un distrito físico determinado, dificultando que actúen como interlocutores políticos a nivel nacional en temas indígenas.

El Plan Araucanía ha sido recién anunciado. Quedan muchos detalles por conocer todavía. Pero, como dice el dicho, el diablo está en los detalles.

Si quiere conocer más sobre las consideraciones en torno a la representación especial de los pueblos indígenas vea esta publicación