Más sellos “Alto en”: ¿Hacia más efectos positivos de la Ley de etiquetado de alimentos?

La Ley de etiquetado de alimentos se comenzó a implementar a mediados de 2016. Los primeros resultados sobre las medidas que ya rigen muestran cambios positivos en el consumo de alimentos. Sin embargo, existen dudas respecto de la cuáles serán los efectos que se conseguirán con las fases pendientes de implementación.

La Ley de etiquetado de alimentos, implementada desde mediados de 2016, se formula como una de las herramientas para atacar los alarmantes niveles de sobrepeso y obesidad en nuestro país, que según datos de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 afectan a un 74,2% de la población, donde 1 cada 3 personas se encuentra en situación de obesidad. Una verdadera “pandemia”, en palabras de la Subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza.

 

Desde sus inicios la ley consideró tres medidas: (1) etiquetado de productos envasados que superen límites establecidos de azúcar, calorías, sodio o grasas saturadas; (2) restricción de marketing en televisión dirigidos a menores de 14 años de productos con sellos; y (3) prohibición de venta de productos “altos en” dentro de ambientes escolares. Mientras que las dos últimas fueron de aplicación inmediata, la primera medida se implementaría gradualmente en tres fases. A fines de junio de este año entró en vigencia la segunda fase, que reduce los límites máximos a partir de los cuales los productos envasados deben incluir los sellos “Alto en”.

 

El pasado 10 de octubre, se realizó un seminario en el Centro de Estudios Públicos acerca de los efectos de la Ley de etiquetado de alimentos. Participaron como expositoras Daniela Godoy, del Ministerio de Salud; Marisol Figueroa, de AB Chile; y Camila Corvalán, del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA).

 

Camila Corvalán presentó los resultados preliminares de una investigación en curso del INTA que indican una disminución de la publicidad en televisión de los bebestibles regulados, mayor asociación por parte de los consumidores entre la presencia de sello y el bebestible poco saludable, una disminución en la cantidad de azúcar contenida en los productos de esta categoría y un cambio en la compra de bebestibles en supermercados.

 

Comparando los gramos de azúcar que tienen los bebestibles, se observa una disminución de 4,1 a 3,5 gramos cada 100 ml desde la implementación de la ley, lo que explica una disminución de 45% de bebestibles que están dentro de la categoría “alto en”. Estos resultados dan cuenta de un cambio en la formulación de los productos por parte de la industria, cambio que se hace más difícil a medida que los límites se hacen más rígidos (y una vez que ya se han hecho grandes esfuerzos por reformular).

 

Por otro lado, se evidencia una disminución en la compra de bebestibles (ml per cápita) con o sin sellos. Dicha disminución parece ser mayor para los primeros: 12,3% versus 7,1%. No se ha identificado aun si las diferencias son significativas). Junto con ello se evidencia una disminución en el consumo de azúcar derivado de consumo de bebestibles (en gramos per cápita), la que es mayor en el caso de los productos con sello.

 

Si bien aun no se tiene información acerca de cambios fisiológicos en la población, los hallazgos respecto a el efecto luego de la primera fase de implementación, son positivos desde el punto de vista de los resultados que busca la ley.

 

Uno de los aspectos que ha generado dudas es la reformulación de los productos y qué efecto podrían tener los ingredientes utilizados como reemplazo. Otra preocupación es la falta de información acerca de qué tan “alto en” es un producto con sello. Por ejemplo, a ojos de la población, dos productos que tienen sello “Alto en calorías” podrían ser indistintos. Sin embargo, no se ha generado un cuestionamiento acerca de si los efectos positivos encontrados se intensificarán con la segunda y tercera fase de implementación.

 

Según los datos presentados por Marisol Figueroa, a junio de 2016, un 38% de los productos envasados contaban con sellos. Se proyecta que con los nuevos límites dicha cifra aumente a 61% en 2018/2019. La tercera fase, más estricta, probablemente implique que la proporción de productos con sellos aumente aun más.

 

¿Existirá un punto óptimo en el número de productos con sello sobre el cual los efectos encontrados se estanquen? ¿Qué pasaría si vamos al supermercado y nos encontramos con que prácticamente todos los productos tienen sello? ¿Podría ser que empecemos a ser indiferentes al etiquetado y que disminuyan o, más aun, se reviertan los efectos positivos?

 

Por otro lado, urge la necesidad de complementar la ley con educar a la población respecto al consumo. A la hora de seleccionar qué productos consumir, no sólo debiera ser importante la información nutricional del producto, sino también los requerimientos nutricionales de cada uno, de manera de avanzar hacia una alimentación más saludable, entendida desde las necesidades alimentarias de cada persona.