¿Dónde están los hombres?

Siendo viernes en la tarde me pareció que éste podría ser un titular llamativo. Por lo pronto, casi cuatro años atrás usé este mismo título para una nota publicada por el CEP en que discutía sobre la ostensible baja en el número de hombres por mujer que se evidenciaba en la encuesta Casen. Bueno, cuatro años después, creo tener la respuesta a esta pregunta. Los hombres no se fueron a ninguna parte, simplemente están buscando mal.

¿Dónde están los hombres? Casi cuatro años atrás usé este mismo título para una nota publicada por el CEP y disponible aquí. No sabía, en ese momento, que le estaba copiando el fraseo nada más y nada menos que a los míticos Pimpinela, quienes dedicaron en 2005 una, aparentemente, muy famosa canción a propósito de este tema:

Lo mismo hizo en 2017 la revista Paula, donde se volvió a ocupar esta pregunta esta vez para encabezar un reportaje y entrevista relacionada a la situación del varón contemporáneo frente a “conflictos con el amor, el sexo y la violencia de género”.

Queda claro no se trata de un título original, pero el que se repita tanto, evidentemente refleja una inquietud, la que, por cierto, poco tiene que ver con lo que motivó mi nota de 2014. En ella discutía sobre la ostensible baja en el número de hombres por mujer que se evidenciaba en los datos más recientes de la Encuesta CASEN, en la que el índice de masculinidad bajó de 95 a 90 hombres cada 100 mujeres sólo entre 2006 y 2011.
Bueno, cuatro años después, creo tener la respuesta a la pregunta que tantos se han hecho. Los hombres no se fueron a ninguna parte, simplemente estamos buscando mal. En efecto, si bien las cifras más recientes de CASEN siguen mostrando niveles muy bajos (90 cada 100), el Censo de 2017 volvió a poner las cosas en su lugar, consignando una tasa de 95,9. Este es básicamente el mismo nivel registrado por los Censos de 1982, 1992 y 2002 y por todas las Casenes hasta 2006:

Y es que es normal que haya menos hombres que mujeres. No porque nazcan más mujeres, sino simplemente porque viven más tiempo, por lo que en cada momento del tiempo es natural encontrar una proporción mayor. El punto es que ese efecto pone el índice en torno a 96 y no rondando los 90 como en la Casen.
En la nota de 2014 planteaba la hipótesis de que la baja en el número de hombres en la Casen podía deberse a una externalidad de la aplicación masiva de la Ficha de Protección Social (FPS) a finales de la década pasada, la que se realizó en paralelo con un fuerte aumento de los beneficios sociales asignados directa o indirectamente a través de este instrumento. Argumentaba que era un hecho conocido entre potenciales beneficiarios y funcionarios públicos que participan del levantamiento, que la presencia de hombres sanos en edad de trabajar aumentaba significativamente el puntaje en la FPS y que esto generaba incentivos a no reportarlos como integrantes del hogar.
El cambio de la FPS al Registro Social de Hogares (RSH) no modificó esta situación. Si bien el nuevo registro se basa principalmente en registros administrativos, éstos no pueden dar cuenta de un elemento fundamental, que es la composición del hogar. Así las cosas, es muy posible que la ausencia relativa de hombres entre 30 y 59 años en el RSH responda a este mismo incentivo a omitir perceptores de ingresos.
Que esto ocurra en el registro de potenciales beneficiarios de nuestras políticas sociales no debe sorprendernos. No obstante su amplísima cobertura (12.945.147 personas a diciembre de 1017), en el RSH debieran estar precisamente las familias de mayor vulnerabilidad socioeconómica y es precisamente en este grupo donde operan los incentivos antes descritos. Por cierto, parte de la historia también tiene un asidero real. La ausencia efectiva de perceptores de ingresos naturalmente aumenta el grado de vulnerabilidad socioeconómica. Los hogares monoparentales de jefatura femenina han sido desde siempre, mucho antes de la FPS y el RSH, un componente muy significativo de la población más carente.
Entonces, si bien es un problema, de todos modos se puede entender por qué vemos tan pocos hombres en el RSH. Mucho más difícil es comprender es por qué la Casen tiende hoy a parecerse más al RSH que al Censo. Los tres instrumentos muestran los mismo índices de masculinidad en niños y adolescente y relativamente similares para personas mayores, pero cuando se trata del tramo más económicamente activo, las diferencias se disparan:

Lo extraño es que la Casen debiese reflejar al total de la población. Entonces, los hombres que no encontramos en los deciles más pobres debieran aparecer en otros hogares de los deciles más altos, sin embargo, esto no ocurre, o al menos no lo suficiente como para llegar a las tasas demográficamente consistentes.
No es claro por qué ocurre esto. Mi hipótesis es que la Casen puede estar reflejando parcialmente un comportamiento estratégico bastante extendido en la operación de nuestras políticas sociales y que las familias encuestadas simplemente responden de manera consistente. Esto no es posible en el caso del Censo donde la pregunta inicial es mucho más directa: “¿Cuántas personas alojaron aquí anoche?”.
Pero hay otros elementos: ¿qué se entiende por hogar, por familia, por núcleo, por folio? Encuestas, programas sociales y formularios varios usan distintas definiciones y, personalmente, creo que cada vez estamos más confundidos. Junto con ello, me imagino que también se puede revisar el muestreo, la construcción de factores de expansión, la distribución geográfica, etc.
Como vemos, hay bastante paño que cortar en esta materia y no pocas preguntas que responder. Por lo mismo, cuando le pregunten dónde están los hombres, asumiendo, claro, que se trata de una pregunta en el plano de las estadísticas sociales, Ud. dígales que sí están, es sólo que no los estamos reportando adecuadamente pero no sabemos bien por qué.