Economía

Una metaética: en búsqueda de la ética menos pecadora

¿Qué es lo que convierte en ciertas las creencias de cada uno? ¿Por qué el Catolicismo debiera ser más cierto que el Islam o que el Budismo o que los dioses griegos, y viceversa? ¿Por qué el Liberalismo o el Igualitarismo o el Utilitarismo u otros enfoques de filosofía moral debieran ser los correctos para guiar las políticas públicas de una nación? Ciertamente uno es libre de creer en lo que quiera, y si uno quiere creer en el politeísmo o rezar en dirección a la Meca o ir a la iglesia todos los domingos es cosa de cada uno, porque las consecuencias de esos actos tienen repercusiones sólo en nosotros mismo. Sin embargo, cuando uno se enfrenta a tomar decisiones con respecto a lo público, lo cual nos pertenece a todos, las creencias que guiarán estas decisiones ejercerán consecuencias en todo el resto de la sociedad. Cada ideología se sustenta en supuestos no comprobables, y es nuestra creencia en éstos lo que nos termina convirtiendo en sus feligreses. Así, nuestra fidelidad a los distintos enfoques de filosofía moral no termina siendo muy distinta a la religión que escogemos: nos basamos en la fe de sus supuestos fundamentales. Esto es lo que llamo el pecado original de las creencias, y cometerlo será lo que definirá si terminaremos viviendo en un infierno o en un paraíso.

Más desarrollo financiero, menos desigualdad

Hace unos días, Ross Levine, profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad de California (Berkeley), presentó en Chile su libro Financing Prosperity (en imprenta). El mensaje principal, que resume sus investigaciones académicas, es que “un sistema bancario que funcione bien es necesario para la prosperidad económica […porque] promueve el crecimiento y expande las oportunidades”.

Un problema de precios… de muchos precios

En ocasiones, altos costos de generación eléctrica en la zona central del país coexisten con costos muchos más bajos en la zona norte. A distintas horas del día este patrón puede, incluso, invertirse. Obviamente esto es ineficiente pues obliga a consumir a algunos a un costo mucho más elevado del que podrían proveer otros. En esta entrada discutimos por qué ocurre esto.

Gráfico de la semana: El coeficiente Gini bien comparado

Es habitual que se diga que Chile es de los países más desiguales del mundo, atribuyéndose muchas veces este hecho al modelo económico del país. Sin embargo, los índices de desigualdad que se suelen comparan no reflejan los resultados de mercado sino están corregidos por la acción del Estado. Si hacen las comparaciones correctas —peras con peras, manzanas con manzanas— la desigualdad de Chile es muy semejante a la de otros países de la OCDE.

El capitalismo cambia la conciencia (un ensayo recomendado)

En este breve ensayo el psicólogo Jonathan Haidt, que en enero próximo visitará Chile invitado por el CEP, afirma que el capitalismo no sólo genera bienestar material sino que también cambios culturales. A menudo se identifican sólo los problemas eventuales asociados al desarrollo temprano del capitalismo, en particular el consumismo, materialismo y egoísmo de los actores. Sin embargo, Haidt sostiene que ese progreso cambia también la “conciencia” de las personas y son ellas mismas las que van resolviendo los “daños” provocados.